Tubo en Padang Padang, sueño realidad

Bali, Indonesia

Después de la surfeada de la mañana ando un poco decepcionado de mí mismo, por no atreverme a meterme en el tubo. El miedo me domina. Hasta empiezo a dudar si de verdad me gusta surfear. Todo está a punto de desmoronarse. Entretengo el pensamiento de dejar de surfear y de escalar y dejar de hacer cualquier cosa de esa naturaleza. La mente quiere destruirme.

Veo de nuevo el grafiti que dice “On the other side of fear lies FREEDOM.” En español: “Del otro lado del miedo yace la LIBERTAD.” Libertad. Palabra, idea o concepto que he tenido muy presente últimamente. 

En la tarde agarro la tabla y voy al mar con Raúl el canario. Decidimos surfear en Padang Padang en vez de Impossibles. La ola es una izquierda perfecta que rompe sobre el arrecife en una punta de piedras. Llegamos y no hay mucha gente, unas 10 personas tal vez. Me meto al borde del grupo, queriendo ver las olas. Espero pacientemente mi oportunidad.

El mar parece un lago.

Se escuchan chiflidos y veo las líneas en el horizonte. Se acelera el pulso. Líneas que se acercan y se levantan como enormes paredes con una sola salida, a la izquierda. La ola se vuelca sobre el arrecife formando un tubo grande y abierto, perfecto.

De repente estoy en el puro pico y la perfección me visita. Remo con todas mis fuerzas metiendo los brazos profundo en el agua porque sé que esta ola se vuelca rápido. Es como montarse en un tren que va a toda velocidad. Siento un empujón y me levanto de un brinco poniendo la tabla bajo mis pies. Veo un par de metros de vacío abajo mío. De alguna forma evito irme de cabeza y bajo manteniendo una línea de fe. La ola corre y crece frente a mí, cada vez más rápida y más hueca, queriendo devorarme. Cuando voy pasando frente al fotógrafo todo me dice que la ola es perfecta y meto la mano en la pared, bajando un poco la velocidad. Escucho y siento el tubo justo atrás, encima, y veo pasar la cortina de verde translucido frente a mí. Estoy dentro del tubo. Una visión increíble. Éxtasis. Euforia. El instante que me pongo a pensar dejo de fluir y me revuelca, pero me metí en un tubo, y en un monstruo de tubo porque casi ni me agaché, perfecto.

Ese tubo le dio muerte a todos los miedos y en las olas subsecuentes me tiro desde lo más profundo, metiéndome en unas cavernas tremendas (incluyendo una espumosa particularmente oscura), sin salir de ninguna, pero ya crucé, llegué a la libertad del otro lado del miedo, soy libre!

Cuando me enteré de Karma Tribe

Playa Hermosa, Costa Rica. Año 2015

Montamos las tablas de surf, hamacas y mochilas al carro y nos vamos manejando un par de horas para salir de la ciudad y llegar a la costa del Pacífico costarricense.

Voy con mi hermano Beto a visitar a nuestro amigo Dave, un loco que vive en Playa Hermosa de Jacó, un lugar tranquilo y natural, donde suele haber más olas que gente.  

Desde que se mudó aquí con su amigo Allan siempre ha tenido la puerta abierta para quien quiera visitarlo. En las múltiples casas que ha vivido siempre nos ha brindado un espacio para dormir, convivir y más que nada, compartir y disfrutar. Hemos dormido desde en los sillones hasta en el piso de la cocina, y colgando en las hamacas donde nunca hubiéramos imaginado.

Esta noche dormiremos bajo las tablas del piso. Por suerte para nosotros Dave está viviendo estos días en una casa sobre pilotes de madera al borde de una montaña, perfecto para colgar las hamacas.

Apenas llegamos Dave se asoma por el balcón y nos recibe con un “Que me dicen maeeeeeeees!” y una sonrisa, antes de siquiera habernos apeado del vehículo. Subimos las escaleras y hay fuertes abrazos para todos. Nos cuenta que las olas han estado buenísimas y que en media hora termina de trabajar (en línea), y que se viene a surfear con nosotros.

Aprovechamos esa media hora para hacer el café chorreado de la tarde y después de saborear hasta la última gota nos vamos a surfear. En 5 minutos estamos frente al mar y Playa Hermosa nos saluda haciéndole honor a su nombre. Olas para todos.

Cada uno lleva a cabo su ritual antes de entrar al agua y para adentro. Disfrutamos una gran sesión entre amigos y hermanos, hermanos del mar y de la vida. Cuando ya no se puede ver nada salimos del agua bajo las estrellas y vamos pa la casa, pa la casa de Dave, o como él la ve, la casa de todos.

Juntos preparamos una buena cena y ayudamos con la importante labor de lavar los trastes.

Bien alimentados nos dedicamos a guitarrear y cantar y filosofar. Es entonces cuando Dave me dice que tiene un proyecto en mente. Me cuenta que la idea original fue de Allan, hace años, pero nadie ha actuado sobre ella. (Allan ahora vive a una hora de Hermosa, y su puerta, igual que la de Dave, sigue siempre abierta.)

Desde ese entonces la idea ha sido un volcán durmiente.

Dave confiesa que está dispuesto a meterle toda su energía a este proyecto para hacerlo una realidad. Puedo ver el brillo de un sueño en sus ojos y escucharlo en sus palabras. Es el sueño de un mundo donde las personas pueden dedicarse a hacer lo que más aman, ayudándose a ellos mismos mientras ayudan a los demás. Un sueño donde la bondad y el amor son lo que mueve el mundo en todos los niveles, en el que vale más una sonrisa que un billete. Donde la gente se pregunta “¿Cómo puedo ayudar?” en vez de “¿Cuánto puedo ganar?” Un mundo más feliz.

Ese sueño es Karma Tribe.