Ser

Ometepe, Nicaragua

Me dejo llevar y paso el día entregándome a mí mismo. Duermo siesta y camino en paz, dejándolo todo pasar, sin esforzarme, sin juzgar, sin controlar, sin comparar, sin decidir, sin manejar, solo siendo y haciendo.

Veo un chancho echado en la playa y está en paz.

En el corredor de una casa hay un montón de maíz con una gallina que rebusca a sus orillas.

Pasa un señor caminando un ternero con un mecate como si fuera un perro.

Una gran abeja negra trata de volar.

Una lucha entre hormigas y una larva.

Pongo la maca entre buenos árboles que me cobijan con su sombra mientras disfruto el sonido de las suaves olas y siento la brisa del Cocibolca.

Me paro en una caca de gallina.

Me limpio en la arena.

Empiezo a leer y cuando me da sueño no me resisto, me entrego a una deliciosa siesta.

Despierto renovado y no ha pasado ni media hora.

Trepo a un árbol de Espino sobre el río.

Recojo la maca y camino de regreso.

Paso a darle cariño al chancho y me doy cuenta de que lo acompaña su amigo el pato.

Le ayudo a Doña Rosa a llevar la comida al fogón del centro comunitario.

Practico yoga frente al volcán.

Soy.

Paz.

¿Cómo se escapa una planta?

Un taxi, un barco, un bus, una lancha, un tren, un avión, una caminata. Abrir los ojos, explorar, descubrir, conocer, abrir, aceptar, desprender, compartir, soñar, vivir, ser.

Viajar.

Una parte fundamental del viaje es que no tiene propósito definido, ni hace falta. El viaje es el viaje como el ser es el ser. No necesita razón, simplemente es.

Aceptar.

Dejarse llevar.

El viaje refleja el viaje de la vida. En un momento uno se pregunta que está haciendo y el siguiente se maravilla del simple hecho de estar vivo.

Acción.

Movimiento.

Quietud.

Quietud en movimiento.

Todo y nada.

Las ondas de la vida suben y bajan, ahí van.

Si uno quiere ver un árbol crecer solo hay que verlo, y se crece junto a él. Tenemos todo lo que necesitamos.

Las plantas se escapan. La planta que vemos podrá quedarse ahí tranquila en su maceta, pero la flora juega el juego en otra onda, en otro nivel. Semillas voladoras o escondidas en frutos se mueven de un lugar a otro y así andan mucho más libres de lo que nosotros pensamos. Un roble no está amarrado a la tierra en la cima de la montaña donde se le ha visto por años. Está por todas partes, viajando a través de semillas cargadas por ardillas y hojas que vuelan en el viento…

La realidad del escape es que nunca estuvimos encerrados.

Siempre hemos sido.

Libres.