No exactamente como me lo hubiera imaginado…

La Carpintera, Costa Rica

Ya son casi las tres de la tarde y todavía no he salido de la casa. Salgo al jardín y veo la montaña, “La Carpintera,” ahí no más… Es tan cerca, sin embargo nunca he ido. Dicen que es chuzo, dicen que es peligroso.

Pongo en el mapa para llegar hasta el final de la calle y me voy. Ya llegando me dicen que mejor deje el carro frente a alguna casa para que me le echen un ojo, porque “no, peligroso no és, pero andan unos carajillos… Haciendo daños.” Me topo con un adorable obstáculo, o dos. Parece que para poder llegar al final tengo que pasarle por encima a un par de cachorritos diminutos que juegan en la angosta callejuela. Inmutables. Me bajo del carro y los pongo a jugar en el zacate. No paran de jugar y siguen como si nada, incluso durante su traslado. En la noche me daría cuenta que en ese instante me deben haber abordado unas doscientas mil pulgas, pulgas grandes de las bravas y descaradas, tanto que uno se las puede quitar con los dedos y tirarlas por la ventana.

Llego al final de la calle pero se ve fea la vara. Decido ir a explorar otra calle y empiezo a ver espacios abiertos y siento que ahora sí voy por buen camino. Topo con un portón al final de una calle de lastre pero está encadenado y asegurado con candado.

Doy vuelta y me meto a la izquierda un toque. Ahí encuentro a Joselyn y su familia, volando papelotes y jugando fútbol por las torres que sostienen los cables de alta tensión, en un polvazal. Una niña a la derecha del camino pega un grito escalofriante y tira la muñeca al caño cuando ve el carro acercándose. En un instante está babeando, moqueando y llorando, cara empapada, con burbujas de mocos y todo. A la muñeca se le zafa una pierna. La muñeca se parece un poco a Chucky. Mi mente me puede haber jugado sucio en esa. Joselyn la consuela y la verdad que me consuela un poco a mí también, diciéndome que es su sobrina y que no me preocupe, que es que a la chiquita le dan miedo los carros. Yo le digo que mejor eso a que se atravesara, para que no la atropellen. Cuando en brazos la tía le pasa las manos para quitarle las lágrimas y le quedan las manchas de la tierra en sus gorditas mejillas. A todo esto otro chiquillo de ojos celestes y dientes grandes y salidos me mira asombrado.

Está bonito aquí, hay una vista muy linda. Dejo el carro ahí y le doy un agradecimiento a Joselyn para que se tome un café con los chiquillos.   Me pregunta varias veces que donde voy? y que por qué voy solo? Me dice que está medio raro. Yo le digo que quiero llegar hasta el cucurucho y que es bueno estar solo para encontrarse a/con uno mismo, que uno siempre pasa viendo para fuera y que también es bueno ver hacia adentro. Me dice que es privado y que tienen perros. Le digo que los perros no me preocupan tanto, creo que los puedo espantar con el báculo (palo para caminar), digo espantar porque no les pegaría, a menos que fuera absolutamente necesario. Yo estaba más pensando en balazos, entonces perros me suena bien por un momento. Me dice que son tres y bien grandes, “Ro Güailers o algo así. Son tres. Pero creo que solo los sueltan en la noche…”

Empiezo a subir y tengo que quitarme el bulto y meter la panza para poder pasar por el espacio que hay entre la cerca portón encadenado.

Dos caminos. Como decidir? Muy fácil. Me voy por el que no suenan disparos.

Tantos caminos.

La casa. Abandonada. Nadie ha tomado café en esa taza polvorienta últimamente. Encuentro un claroscuro Multiverso de telas de araña al lado del escusado de hueco. Protegido y aislado por chamizo de madera.

Voy tan sigiloso como puedo, pero hay mucha hoja seca por acá, al mismo tiempo sin esconderme mucho para que tampoco crean que ando robando… Empiezo a pensar que tres “Roll Güailers” me podrían matar. Dos probablemente podrían. Con uno creo que me la juego. En mi mente cambio mi plan de “espantarlos con el palo” a “defenderme como pueda con el palo y ver rápido adonde putas me subo antes que me despedacen.”

Todo se ve bastante abandonado por acá, excepto esas pichingas, esas pichingas que hay por todo lado, llenas de algo. Creo que hasta podría ser de agua. Sigo entrando y saliendo de los caminos, saliéndole a una chanchera por atrás (después de quedarme inmóvil y atento por el tiempo que tardo en reconocer la diferencia entre el sonido que hace un chancho y el que hace un humano.) Es más de lo que yo hubiera pensado. Decido que si escojo una ruta que siempre va hacia arriba eventualmente tengo que llegar al punto donde no pueda subir más, y esa sería la cima, por lo menos una cima local. Un ave rapaz sobrevuela en círculos contrarreloj y me indica que es hora de parar un toque. Pongo la maca. El cazador se percha un rato a descansar en el cucurucho de un árbol seco y me da tiempo de buscarlo en el libro “Broad winged hawk” creo. Ese “creo” me cuesta no poder marcarlo en el libro y queda para otro día. Me tomo un té y descanso un rato, viendo la ciudad desde arriba. Me gusta esta vista. Todo parece un juego, miniatura. Una mariposa inmensa estilo morpho flota por encima mío y se adentra en el bosque. De aquí para arriba parece impenetrable por ahora. Hoy llego hasta acá. Veo la noche caer sobre la ciudad y esta se va iluminando a la misma vez que se levanta el velo del cielo y se hace visible el cosmos. Le pongo para recoger todo y empezar a bajar. Este lugar ya me daba miedo de día y ahora voy a tener que bajar de noche… Me va a agarrar la noche de fijo, pero ando foco, por lo menos. Lo que espero es no perderme demasiado en la bajada. Espero que no hayan soltado a los Ro Güaylers…

 Llego a una entrada al bosque por donde podría ser el camino, pero no estoy seguro. Al final decido que no voy a entrar ahí porque es demasiado oscuro, me da miedo. Paso otra igual, jamás me voy a meter ahí, fijo ni los tres Roll Wailerrrsh se meterían ahí de noche. Cada vez que me siento perdido me encuentro con algo que me indica que voy bien. Unas matas de hoja ancha en fila, un tronco caído, la chanchera… Paro un toque a acariciar los chanchos. Estos también pueden haberme regalado algunas pulgas, pero no sé, los chanchos tienen pulgas? Tengo que usar el GPS un toque para confirmar que voy bien, wassap, location. Sirve, de milagro. No creo que sean tan bravos los perros, sería demasiado peligroso, si se mete un chiquito? o si se escapan y se van a comer gente al pueblo? Constantemente voy parando para apreciar el anochecer en sus diferentes etapas. Cada vez se ve más bonita la ciudad. Será porque en la oscuridad lo único que se ve es la luz? Después de una eternidad llego a la calle de lastre que estoy seguro que es el camino indicado. Porque cuanto es una eternidad? Nada, o nunca ha pasado una… Al fin me puedo relajar completamente. Que rico que es encontrarse después de haberse perdido. Aunque, no exactamente como me lo hubiera imaginado… Casi que hace que valga la pena haberse perdido. Cuando se define que uno está perdido? Es todo mental? Es TODO mental? Siempre estamos perdidos? O Nunca estamos perdidos?

Me topo un mae justamente en el portón y me cuenta un poco de todo. Resulta que no son cazadores los balazos que suenan, sino un lugar de “tiro al blanco” que hay por ahí y que nadie le hace problema para subir a uno, claro, a menos que uno se meta en la finca de una gente ahí, y que los perros no son unos monstruos salvajes sino que son un golden retriever llamado Shadow, un zaguate llamado Chance y el tercero de hecho es una gata, llamada Sassy (Chance tal vez no sea zaguate pero no me sé la raza. Tamaño como el de un rott wailer, pero colores blanco y gris o café, como una vaca, jupa cuadrada.) Bromas, de los perros no me pudo decir mucho, pero tampoco me metió más miedo.

En tres oraciones me explica todo.  Como al final de un episodio de Scooby Doo, cuando desenmascaran al villano y todos ven quién es…  El señor Mente, su propia mente.

Me monto al carro y me voy pa la casa satisfecho con mi dosis de aventura y naturaleza. Por ahora.