Simplemente disfrutar

A veces uno sale para ver la luna nacer en el horizonte y se encuentra una tormenta eléctrica amurallando todo alrededor. Nubes negras sobre la tinta del mar disparan rayos cuyos retumbos llegan rodando como el rugido de un inmenso jaguar.

Una estrella de luz verde bajo la tempestad, un pequeño bote en altamar.

Por un momento me alegro de estar viendo esto desde la playa, feliz de estar en tierra firme y deseándole lo mejor a los navegantes. Otra parte de mí, o tal vez la misma, siente el llamado a la aventura del mar, recordando tantas leyendas, cuentos y tormentas.

Veo a mi alrededor como los seres de la noche se apoderan de la oscuridad y me doy cuenta de que la aventura ya empezó. Es aquí, es ahora, es esto. Son las pesadas primeras gotas de lluvia. Es el relámpago que me quema en la retina la silueta de la última palmera solitaria en la punta de piedras.

El trueno ensordecedor me traspasa, retumbando todo en derredor y luego desaparece en medio de un profundo silencio como si se lo hubiese tragado la misma oscuridad…

La isla perdida

 

Caminamos hasta el final de la playa.

La arena se transforma en rocas.

Llegamos al final y seguimos.

Pasamos tantos finales…

 

De pronto aparece,

en medio del medio de la nada.

Una isla de arena rosada.

 

Corrientes del mar la tienen rodeada.

El cielo la toca con el viento.

Inmensos troncos duermen en ella.

Criaturas marinas la abrazan.

Alrededor las corrientes del mar giran sin parar.

 

Para encontrarla hay que perderse.

Una isla desolada.

Rodeada de vida.

 

La isla perdida.

 

Balance positivo

Salir en la mañana sin saber cuándo vamos a volver. Eso es aventura, y pasa todos los días, aunque no nos demos cuenta.

Es fácil verlo cuando se está viajando o explorando en las montañas, pero no tanto en el día a día. Una aventura es emocionante porque no sabemos qué va a pasar, porque cualquier cosa, podría pasar…

Cada día de la vida, cada momento, es así. Tal vez no nos demos cuenta cuando nos abotonamos la camisa en la mañana y salimos de la casa hacia el trabajo, pero todo podría pasar. Cada día es una aventura y podemos disfrutarlo así de tanto.

Momento a momento, día a día, se forma y transforma la aventura de la vida.

Disfrutar es una elección.

Ver lo positivo.

Hablar lo positivo.

Pensar lo positivo.

“Disfruto todo lo que puedo, el resto lo vivo, lo acepto y lo dejo pasar. Aprovecho el contraste como los altos y bajos en las olas del mar.”

Podemos cada día dejar el mundo un poco más feliz de como lo encontramos en la mañana. Dejar a la gente un poco más contenta, dibujando sonrisas y liberando risas. Compartir lo bueno y ayudar. Cada día se puede regalar alegría.

Poco es lo que se necesita para vivir y poco es lo que se necesita para ser feliz.

¡A disfrutar carajo!

pura vida