13/5/19

Diarios del carrocasa

Dormí riquísimo y me desperté al amanecer, como de costumbre. Iba caminando por las rocas cuando avisté la Gran Garza Gris.* Salió de nadie sabe donde, flotó majestuosamente sobre el fresco aire de la mañana para cruzar la bahía, y llegó a descansar en el cucurucho de uno de los antiguos almendros de playa. 

Ahora me acuerdo que anoche me despertó un ruido extraño y cuando me asomé por la ventana a ver qué era me sorprendí bastante…

Era una tortuga! Se veía vieja y tenía conchas en la espalda, y no le molestaban los ladridos de Negro, quien ayer descubrí que también se llama “Sandal.” Glorioso nombre para quién vive sobre la arena y goza de comerse las cáscaras de huevo que quedan de mi desayuno todos los días.

Los caricacos y cangrejos se encargan de lo demás orgánico y les encanta el café. Los debe poner eléctricos… Ja!

Gloriosas olas entran a la bahía, estoy enamorado del mar, la tierra, y esta vida.


*(Ardea herodias)

Un momento al despertar

Diarios del carrocasa

11/12/19

Dormí delicioso aunque tuve muy extraños sueños…

Me levanté a caminar en un fresco amanecer nublado y su anaranjado se refleja en el perfecto espejo de la arena mojada de la marea ultra baja de la luna llena.

Me encanta ver las estrellas, el Sol y la Luna.

Frente al mar

Diarios del carrocasa

30/11/19

Una mariposa amarilla vuela frente a la inmensidad del océano.

El viento sopla del mar y trae noticias de frescura.

Las verdes plantas con flores moradas, el pasto salvaje y el verolís, todas bailan con la brisa.

El mar y las olas se alejan en la distancia, dejando un espejo de agua adonde el cielo baja a la tierra.

La piedra yace en la arena como una sirena varada, o más bien como una ballena. Totalmente descubierta, se seca al sol sus conchas mientras una magnífica fragata vuela en círculos sobre ella…

21/5/19

Ayer estaba caminando y me detuve un momento a contemplar la belleza de los árboles. En ese instante un profundo rugido reveló la presencia de los congos, que empezaron a aparecer en la copa de los árboles como por arte de magia…

Caminando por la playa al anochecer 

Escondo mis chanclas en el churristate y me voy a caminar, descalzo y despreocupado. Un constante viento con ocasional llovizna enfría todo lo que toca, excepto el mar. Cuando una ola me llega a los pies me sorprende lo calientita que se siente el agua, que delicia…

Sigo caminando y encuentro un pedazo de concha quebrada y su lado de adentro es el más liso que he sentido en mi vida. Exploro la arena y encuentro todo tipo de tesoros en conchas y piedras.

No dejan de sorprenderme con sus espirales perfectas. Espirales. Espirales. Espirales. Una a una las voy dejando caer de nuevo en la arena hasta que quedo solo, solo con los recuerdos… 

Bahía Garza

Nubes cargadas de lluvia.

Montañas rebosantes de verde.

El canto de los pájaros,

se mezcla con las olas.

 

Un viejo árbol aferrado al acantilado,

deja caer una flor blanca a mi lado.

Su dulce fragancia me llena de alegría.

Sonrío y doy gracias, por este día.

Huellas

Hoy vi al jinete solitario pasar bajo el gris de la mañana.

Siempre veía las huellas de su bestia, pero en dos semanas nunca lo había visto pasar. Algo así como las huellas de los caricacos gigantes…

Todo está cambiando.

Poco después de su paso por la playa hacia el sur pasó un perro, su fiel compañero, que había quedado rezagado ante una pequeña jauría que lo detuvo al borde del agua para cuestionarlo o saludarlo, pero rápidamente corrió para alcanzar al jinete, ahora no tan solitario, y completar el trío lleno de brío.

Refugiados en la tienda 

Playa Grande, Costa Rica

Aaaaaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuu auuu auuu auuuuuuu! 

Aúllan los lobos llenando el vacío de la noche. Lobos guanacastecos. Coyotes para ser más exacto. Coyotes de la sequía y del cornizuelo.

Animales salvajes que hacen lo que les da la gana, lo que mande su instinto. Se brincan las cercas y corren libres bajo la luna. Sus aullidos son magia pura y quien quiera que los oiga queda para siempre encantado.

Un sonido tan antiguo y tan fundamental como la vida misma, tan misterioso como las profundidades del mar.

Ay, que suerte tuvimos, de escuchar a los coyotes aullar…