Una noche de lluvia y relámpagos

Es una tarde gris en un mar picado por el viento. A la distancia una nube oscura y pesada descarga una cascada sobre el mar.

En el regreso a casa el aire mismo se siente espeso y huele a tormenta.

Cae la noche seguida de cerca por la tempestad. Cortinas de agua azotan la selva que se ilumina de repente con los destellos mil relámpagos. Los retumbos de los truenos se encaraman unos sobre otros mientras los sapos y ranas celebran en sinfonía.

El agua es vida y la naturaleza vibra de alegría.

Atardeceres

Diarios de Tonsai, Tailandia

Voy a la playa a ver el atardecer. Me dedico media hora a contemplar este espectáculo.

Las caras de los acantilados se mantienen tranquilas como el agua de mar, inspirando quietud. Parece que ya se va a hacer de noche y no habrá más atardecer, cuando de repente tras el acantilado empieza a brillar un fulgor naranja que incendia todo el cielo. Las nubes arden desde adentro como hierro fundido.

La marea está llena y entran y salen los últimos barcos cola-larga del día. Pronto, el día será no más y se vivirá la noche.

El naranja se torna rosado y suavemente desaparece la tarde para revelar una nueva luz. La media luna brilla blanca a través de las nubes y las ramas de un tenebroso árbol seco. Entra la oscuridad y se esparce por todos los rincones, retada solo por los pozos de luz natural en la luna, las estrellas y las luciérnagas.

En el pueblo algunas luces de la calle y en los restaurantes son estrellas en el vacío, como las sonrisas entre la gente…