“Poco a poco”

Siempre lo digo, pero poco lo aplico.

Creo que hasta ahora me doy cuenta de que me conformaba con decirlo, y al nombrarlo lo descartaba, como pasa con tantas cosas. Como si ya lo hubiera hecho, como si decirlo y hacerlo fuera la misma cosa…

Decía “poco a poco,” pero realmente lo quería todo “de un solo tiro”.

Si aplico el “poco a poco” puedo estar en paz con el avance, lo recibido, lo olvidado, lo que es. El dicho me dice que acepte, me señala que el camino es gradual  y me invita a vivir el proceso. De esos “poco a pocos” está hecha la vida, de cambios a veces imperceptibles y dichos que dicen todo.

Disfrutemos la vida. “Poco a poco,” eso es todo.

Ver, Sentir

 “Caras vemos, corazones no sabemos…”

Es otro dicho seguramente mucho más profundo de lo que jamás he imaginado.

Superficialmente parece fácil de entender y muy cierto. Siempre lo he interpretado como que vemos la cara o “fachada” que las personas nos muestran, pero no sabemos sus verdaderas intenciones.

Ahora empiezo a creer que el corazón no se ve, se siente. La cara no siempre lo refleja y mientras sigamos enfocándonos en ver caras, difícilmente sabremos los corazones.

Tal vez, si dejamos de ver caras y empezamos a sentir, corazones sabremos…

Empezar

“Comer y rascar, todo es empezar.”

Eso me dijo Tía Cecilia una vez hace mucho tiempo y como la mayoría de los dichos de los abuelos, venía cargado de sabiduría.

Hoy me pregunto una vez más: ¿Por qué me cuesta tanto hacer lo que quiero?

Pienso en disciplina y me pongo a leer viejos escritos cuando de repente me acuerdo del dicho de Tía Cecilia. Me doy cuenta que aplica también para escribir, y posiblemente para todo…

¿Será, que todo es empezar?