Tragado por las estrellas

Abro los ojos y veo el mar, olas inmensas que se pierden en el horizonte. Inmóviles y doradas, congeladas en el tiempo. Feliz de ver agua sonrío y se me parte el labio inferior. El dolor me saca del delirio. Brota la sangre en la resequedad. Que ironía, que la falta de un líquido haga otro brotar…

Sangre por agua, en un mar de arena. 

El desierto me tiene en sus garras, está jugando conmigo. Mi sueño africano se convirtió en la última aventura. 

Hace tres días que la tormenta de arena me separó de los Tuareg, mis guías en este cruce sobre las dunas. A través del desierto. A través del vacío. 

Las estrellas iluminan la noche, pero no sé adónde apuntan ni adonde estoy. Camino en una sola dirección, hacia adelante. 

De día trato de dormir, enterrado en la arena para refugiarme del calor. En la oscuridad comparto con los astros, me convierto en polvo, y como una duna me muevo con el viento. 

Tuve a África tanto tiempo atrapada en mis sueños, y ahora ella me atrapó a mí. Encuentro a mi guía muerto al lado de su camello. Ahora sé que ella no me dejará ir. 

En la noche veo una constelación en forma de hipopótamo. Me vuelve a ver y corre hacia mí con su inmensa boca abierta… 

Me tragan las estrellas y me convierto en una de ellas.

17/5/19

Hoy amanecieron inmensas montañas sobre el mar. 

 

Gigantescas cumulonimbus blancas, grises y azuladas formaron una gran cordillera en el horizonte marino. 

 

A la una de la tarde cayeron las primeras gotas de agua y a las tres se abrió el cielo y se derrumbaron sobre la costa…

¿Por qué no tomar tanto? …excesos

Cuando me tomo la primera birra todo muy bonito, pero rápidamente me manifiesto como la bestia insaciable. Empieza una, y después otra, y otra, y otra, hasta que se me acaba la plata o la fiesta. Después de las primeras solo estoy tomando por inercia y ni siquiera las disfruto, buscando encontrar algo en el fondo de la botella que nunca ha estado ahí. Algo que entre más tomo más se aleja y más me alejo de mí esencia. Sale a relucir la violencia y agresividad, como si hubiera devolucionado a un estado primitivo de menor vibración en cuestión de una noche. Se caen todos los estándares. En algún punto me doy cuenta de la futilidad de la bebida y dejo la que tengo en la mano, desapegándome de un solo de toda la situación que he creado. Entiendo en un instante de lucidez que todo es una ilusión dentro de la ilusión y la falsedad es aparente. Hay tantas otras cosas en las que invertir mi energía. Tomar tanto no me ayuda en nada. En ese momento abandono todo y me voy de regreso a mi guarida. Tal vez es bajar para volver a subir y llegar más alto. Tal vez me ayudó a crecer, tal vez estoy tratando de justificar lo injustificable, de salvar lo insalvable.

Llego a pasar una noche mal dormida y me despierto sintiéndome mal. ¿Qué señal más clara que esa necesito? Dolor de cabeza. Boca seca. Lengua hinchada. Dolor de panza. Irritabilidad excesiva, todo me molesta. Nada de esto me gusta. Un café me ayuda a luchar contra la goma y en ese momento me doy cuenta de lo que me hice a mí mismo. Me dediqué a autodestruirme. Voluntariamente ingerí veneno en grandes cantidades que compré yo mismo con el billete que me ha costado tanto ganarme. Hasta sentirme pésimo.  Todo engañado, engañándome a mí mismo hasta que mi cuerpo levanta el velo y me hace ver la realidad. Nada de lo que quiero saldrá de esas botellas, por más que los anuncios y demás lo hagan parecer. Lo único que tomar licor en exceso me da a mí es una goma tremenda. Una resaca espiritual. A ver si la próxima vez no tomo tanto. A ver si me libero del Samsara de las borracheras. A ver si hay Moksha. 

A vivir y soñar.

Pura Vida

El mensajero caminante 1.2 

La vieja dejó libre una sonrisa seguida de una expresión de sorpresa. Desde que le enseñó a leer Raúl había devorado cuanto libro cayera en su camino, y su vida era el camino.

-El placer será compartido, pero primero veamos que dice Alejandro.

Sacando el lazo Raúl extendió el pergamino mientras la vieja colocaba la linterna de aceite sobre la mesa.

Querida madre,

Sé que hace mucho tiempo no te escribo, pero será porque te llevo en el corazón. En mi corazón de corazones. Ya Raúl te habrá dicho que he decidido cruzar, ese nunca se puede quedar callado, pero quiero decírtelo yo también. Ya sabes que María quiere cruzar hace años y cuando algo se le mete en la cabeza no hay manera de sacárselo. He hecho todo lo posible por convencerla de quedarnos de este lado, pero es inútil. Ha preparado todo y barcos sobran, me dijo que ella se va con los niños, con o sin mí y con o sin tus “bendiciones.” Lo único que me ha permitido es tiempo para enviar este mensaje y esperar tu respuesta. Ah, y me ofreció dejarme a Lucas, si decidiera no cruzar, seguro por las pulgas. Sé que no hay caso en tratar de convencerte a vos, pero sí que me alegraría verte. Aquí cada día hay menos gente, y más barcos, nadie sabe de dónde salen, ya Raúl te contará. Las tormentas cada vez azotan más fuerte y más frecuente, destruyendo todo excepto los barcos, su madera parece ser inmune a todo, eterna, invencible. Si puedes ver una ventana de buen tiempo para navegar podrías salvar la vida de tus nietos, o por lo menos darles una oportunidad de llegar al “otro lado,” si es que hay algo del otro lado, si es que existe… Ya sabes que si fuera por mí me quedaría, pero amo a mi familia y sé que no podría vivir sin ellos y María está obsesionada y me temo que sería capaz de irse sin mí o alguna locura como amarrarme mientras duermo y llevarme a la fuerza. Ella está convencida de que cruzar es la única forma de sobrevivir. Dice el viejo Tomás que hasta los animales están cruzando. Según él, vio desde el faro un barco lleno de lobos que se fue aullando hasta el horizonte en la última luna llena. Todos escuchamos los aullidos, pero la niebla no dejó ver nada y él dice que los vio salir de la niebla antes de perderse en el horizonte con el telescopio que dejó aquel capitán, desde lo alto del faro. Aquel capitán que llegó a morir en la costa sin decir palabra. Lo único que jamás ha salido de ese horizonte, y hace ya 29 años de eso. Creo que Tomás ha estado tomando demasiado, pero la gente cree lo que quiere creer, y dicen que los animales saben, y que si se van es por algo, como cuando las ratas abandonan un barco. En fin, solo quería contarte para que tuvieras una idea como está la cosa por aquí. Los chicos te mandan un abrazo y María te manda saludes. Espero que nos volvamos a ver.

Un abrazo

Ale

 

Al terminar de leer Raúl le dió el pergamino a la vieja.

-Voy a ver que dicen los vientos, ya vengo. -dijo saliendo de la casa. Le pareció ver lágrimas sobre las cataratas en aquellos ojos y quiso dejarla sola unos momentos. 

Afuera el helado viento silbaba entre los pinos y la nieve volaba por los aires, tiñendo todo de blanco. Aprovechó para orinar y se dio cuenta lo fría que se había puesto la noche antes de volver a entrar.

La vieja estaba poniendo agua a hervir sobre el fuego y parecía haber recobrado su compostura, si es que la había perdido. Con ella nunca se sabe, pensó Raúl.

-Qué suerte que esta tormenta no empezó ayer, me hubiese congelado durmiendo afuera.

-Ah sí, suerte. -dijo la vieja mientras echaba unas hierbas secas en dos tazas. -En algún lugar se hubiera metido, pero no creo que se hubiera congelado…

-Me imagino que sí, pero me alegra que me agarró aquí. -dijo sonriendo

Ambos se sentaron frente al fuego, la vieja en su poltrona y el mensajero en una silla que arrimó de la mesa. 

El mensajero caminante

 

1

Raúl saborea el pan como si fuera el manjar más delicioso del mundo, comiéndose hasta las boronas que caen sobre la mesa de madera. 

Doña Rosa le sirve otro vaso de agua, esperando pacientemente a que el mensajero esté listo para hablar. Los segundos parecen eternos.

-Viene una tormenta, será mejor que pase la noche aquí. 

-Fuerte?

-Tres días y tres noches. Puede dormir en el sofá. Hay mucho que hacer por aquí y me caería bien la compañía. Además, se ve que le caería bien un descanso. ¿Cuánto lleva caminando?

-Dos lunas  

-Voy por la ropa de cama

-Gracias. 

Los retumbos de un trueno sacuden suavemente aquel hogar de madera.

Doña Rosa nunca se equivocaba en cuanto al tiempo. La vieja parecía tener una extraña conexión con la naturaleza que cualquier marinero hubiese envidiado, pero nunca un marinero llegó a conocerla. En el corazón del antiguo bosque en un valle rodeado de montañas se escondía su cabaña. Pocos llegaron a verla y muchos menos podrían decir que la conocen.

Raúl la conoció una noche muy parecida a esta, en este mismo lugar, y nunca olvidará lo que fue llegar hasta allí esa primera vez. Fue hasta el tercer día en el bosque que se dio cuenta que algo lo seguía. A la luz de la luna pudo ver la silueta del oso bebiendo agua del lago colina abajo. Esa noche hizo una fogata y durmió al alcance de las ramas encendidas, solo por si acaso… 

Así pasó las nueve noches que le siguieron, con el oso siguiéndolo o acompañándolo, todavía no estaba seguro. Una cosa sí sabía, no había nada que temer de ese oso, parecía ser lo único que no le asustaba de aquella tierra tan extraña. El día que no vio más al oso fue el día que llegó a la cabaña. 

Desde ese primer viaje siempre había sido así, cada vez que venía a este terrible lugar.

 

La vieja tiró unas pesadas mantas y una almohada sobre el largo sillón y Raúl supo que venía nieve.

Doña Rosa sabía que el mensajero dormiría al lado de la chimenea, pero igual le ofrecía siempre el sillón.

-Alejandro ha decidido cruzar. Ya sabe usted lo que quiere.

-Pues a buena hora se decide, poco tiempo le quedaba. ¿Tiene el pergamino?

Raúl extrajo de su viejo bolso dos rollos de pergamino, uno con un lazo rojo que contenía el mensaje y uno con un lazo negro para la respuesta de la vieja, un tintero de vidrio con tapa de corcho lleno de tinta negra, y una pluma resplandeciente ante la luz de las llamas.

-Ha enviado esto también. -dijo poniendo un pesado libro sobre la mesa

A Doña Rosa le brillaron los ojos por un instante fugaz y luego su cara se llenó de nostalgia como se había llenado de arrugas, casi imperceptiblemente.

-Sí gusta se lo puedo leer, ya veo que no podremos salir y sería un placer compartirlo con usted. Además, este nunca lo he leído. -dijo mientras veía caer los primeros copos de nieve que se acumulaban en el marco por fuera de la ventana.

24/5/19

Duermo hasta casi las 7 de la mañana y todo está gris y lluvioso. Los pericos de barbilla anaranjada todos están haciendo un escándalo y comiendo mango, desde las alturas caen pedacitos que parecen pequeñas flores amarillas. La tormenta de anoche se quiso llevar la palangana verde que uso para recolectar agua de lluvia, pero al final decidió dejarla tirada como a veinte metros de donde estaba. Antier había apagado la nevera en la tarde por escasez de gas, pero no pude arriesgarme a que se pusiera mala la tocineta y que un chancho muriera en vano, entonces la volví a prender un rato y ya en la tarde la apagué de verdad y me comí unos deliciosos sánguches de tocineta con muchísima mantequilla. ¡Qué bendición, tener que terminarme la tocineta y la mantequilla! En este caso era para que no se pusieran malas por el calor, pero probablemente aplica para la vida. Disfrutemos mientras esté en lo más y mejor. ¡Vivamos mientras se pueda!

Final del primer log, “diarios del carro casa”