Tras la sombra de la tormenta

Amanece todo empapado y gris, pero todo sigue aquí… La tormenta dejó una sombra de silencio en la que los pájaros olvidaron cantarle al amanecer… ¿O será que no ha amanecido, y me le adelanté al alba en mi emoción de un nuevo día?

Diarios del carrocasa

Primer log

Pacífico Central, Costa Rica, 2019

La ventana de arriba

Me despierto en la mañana sintiéndome un poco desnivelado y cuando me bajo a darle la vuelta a Jr. veo que el vochillo estilo escarabajo extraño sigue ahí, y que tengo una de las llantas un poco baja.

Está bajísima la verdad, pero tengo que llegar pronto a donde Mainor para ir a chequear el surfing, entonces creo que sí aguanta, aunque sea para llegar a la bomba y echarle más aire… porque no hay tiempo de cambiarla.

Llego justo a tiempo para la exploración.

Montamos tablas, agarramos unos bananos, y con café en mano echamos pal camino.

Nos vamos por los caminos de las olas hasta topar mar.

Una y otra vez lo volvemos a intentar.

Hasta que al fin lo encontramos.

Justo donde empezamos.


Épica sesión de surf en Esterillos.

Gloriosa vida compartida en la casa en Hermosa con guitarras y cajones.

Mágica naturaleza en el camino a las pozas de montaña con Juana y Mainor y los congos que pasaron a saludar.

Pozas de agua dulce.

Bosque.

Paz.

Deliciosas comidas y pura buena vibra.


Un par de noches gloriosas en comunidad con familiares del surfing.

Dormí profundamente en la tranquilidad de la compañía conocida.

Disfruté, la vida compartida.

Pura vida.

¡Gracias!

…despertar a media noche

En la noche cuando estoy bien privado llega un vehículo y me despierto de cero a cien. 

Estoy preparado para luchar por mi vida pero al mismo tiempo una minúscula parte de mí aboga por ignorarlo todo y seguir durmiendo, podría seguir durmiendo… pero no.

La fuerte luz entra por el parabrisas y se ilumina todo dentro de la casa. Las cortinas parecen brillar con luz propia, me encandila la luz y me siento expuesto sin la oscuridad. El vehículo se acomoda justo enfrente y me asomo por las cortinas para ver qué es esto tan extraño en una noche desolada post tormenta. De fijo me vienen a… 

Todo tipo de pensamientos pasan por mi mente.

El carro parece un vocho. Prendo los faros poderosos de Jr. y lo confirmo. Inmediatamente al frente hay un extraño vocho azul aperlado con flores pintadas, mucho chromo, guardabarros locos, placa mexicana y un ser con bigote y pinta total de viajero trasnochado feliz de haber encontrado un lugar donde dormir adentro. 

El vecino apagó las luces y sentí la vibra cambiada.

Apagué las mías y después de un rato seguí durmiendo con una extraña nueva paz. La paz de la compañía. Ya no estaba solo, ya éramos dos ante los terrores de la noche en el Pacífico Central.

Me sentí muy tranquilo y me dormí feliz de ser relevado. 

Le encomendé la guardia y al fin descansé del estado ultra alerta del viajero solitario.

¡Gloria al recién llegado! 

Tormenta

…recorriendo el viejo mapa de mi abuelo

De alguna forma logré llegar a Esterillos sin derretirme por completo, pero casi… podría haber llenado varias botellas con todo lo que sudé. 

En el camino hice un par de consultas para saber qué tan peligroso es pernoctar aquí y al final decidí jugármela. 

Ya es casi el final de la tarde y hay buenas olas bajo un cielo tormentoso. No hay tiempo que perder. Dejo a Jr. bien parqueado al borde de un abismo que da al mar, saco el Longbough, cierro todo y entro al agua.

Las olas están buenas y no hay casi nadie en el agua. Me voy hasta el puro fondo y espero las bombas que vi desde afuera.

Agradecido de estar en el agua vuelvo a ver a la tierra y cuando veo que ahí está mi casita casi no lo puedo creer, me pone muy contento esta situación.

Poseidón me manda regalos y me voy surfeando feliz, conectando secciones casi hasta la casa una y otra vez hasta que finalmente ya no queda nadie en el agua y prácticamente no se ve nada. En ese momento clásico y tenebroso en el que uno queda solo con la oscuridad decido agarrar una última y me voy surfeando casi ciego hasta salir frente a Jr. María.

Monto el tablón en la percha con doble candado y saco el paño para secarme en el banquito frente al mar. Ya viéndolo desde afuera estoy feliz de estar en tierra firme, viene una tormenta de altamar y el cielo aquí arriba está a punto de reventar. Antes de terminar de secarme se alza un viento furioso que viene sin duda como precursor de la tormenta de mar adentro. Vuelvo a ver todo alrededor y no hay nadie por ninguna parte, el lugar está desolado. Toda la gente, y hasta los animales se han refugiado en algún lado, ni un pájaro se ve.

Queda solo el silencio y el vacío antes del estallido.

Un poste de luz solitario enciende su luz y le da la bienvenida oficial a la noche. 

Empiezan a caer las primeras gotas; goterones inmensos y fríos se estrellan contra mi piel salada como balazos celestiales. 

Me pongo las chanclas, le doy una vuelta a la casa para ver que todo esté en orden, echo un último vistazo al horizonte y me encierro en mi guarida.

Inmediatamente se raja el cielo al mismo tiempo que llega la tormenta de ultramar. Escucho el diluvio caer sobre el techo de fibra de vidrio y me encanta, suena delicioso. Las ráfagas de viento y lluvia azotan el costado frente al mar y se menea toda la casa. Un rayo ilumina todo por un instante y deja todo más oscuro que nunca. El trueno sacude las tinieblas. Mis adentros se acomodan de un susto con el profundo rugido y los retumbos se mezclan encaramados unos sobre otros en un tronar sin parar… Me asomo por la ventana para ver los rayos que caen en el mar a través de la lámina de agua que baja por el vidrio y siento la tormenta agarrando cada vez más fuerza. 

Vuelvo a cerrar las cortinas muy agradecido de tener un buen refugio y en ese momento me doy cuenta de que esta noche nadie me va a molestar, la tormenta sería mi bendición.

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3,00 US$

Rumbo al mar

Abril 2019, cerca de Semana Santa

La Casona – La Ruta 27

Gas – mucho más de medio tanque

Gasolina – solo Dios sabe

Esta vez llené gasolina y agua en la bomba. Es lo mejor, muy fácil y práctico cargar agua ahí, así se hace todo de una sola bestia. Al fin entiendo por qué se le llama estación de servicio, y me encanta. Aprovecho para revisar la presión de las llantas (incluyendo la de repuesto), aceite de caja y motor, agua del radiador y demás. También saco el rato para compartir las buenas vibras con todo aquel que se enamora de Jr., hasta que compartimos también el asombro y el dolor de ver como le entran más de 100 litros de gasolina… pero le encanta y merece su chineo.

¡Aprovecharé hasta la última gota!  

Salí con la comida que tenía, sin huevos, pero con un tarro de vidrio lleno de buena granola hecha en casa y suficiente comida para unos días. Además ando estrenando el quickpash que nos salva de tener que parar y volver a empezar en los peajes de la 27 y es lo máximo. Contribuye a mantener el suave flow en carretera y eso ayuda mucho a la hora de ahorrar combustible. ¡Gracias a la Maigre por la granola y el quickpash! 

Es muy, muy, bastante caliente manejar a través de los calores que abrazan el medio día y cuando me detengo es un horno total. De ley hay que llevar la ventana abierta, y la del copiloto también para que fluya un poco el aire y sea posible sobrevivir…

Tragos pa Jr. María

¡Invitá a Jr. María a un traguito de gasolina! *si lo querés emborrachar dale sin miedo; tiene tremendo aguante… ¡Pura vida!

3,00 US$

Volcán Irazú

Abril 2019

Tres Ríos (La Casona) – Volcán Irazú – Tres Ríos (La Casona)

Gas – Sigue bien lleno aprox. ¾

Gasolina – 19 rojos y medio

El viejo mapa de mi abuelo muestra la ruta entre La Casona y el Irazú, se ve también el Turrialba.

¡Subió Junior feliz de la vida! 

Aprendiendo a manejar apenas tocadito, lo más eficiente posible, para ahorrar gasolina. 

En el camino paro a ver el atardecer y a tomar yodo. De las primeras cosas que se aprende en un camper es que no hay tantos lugares nivelados como uno se imagina… Parqueado en un intenso y extraño desnivel que combina el declive de la cuneta con la subida de la calle, la chorreada del yodo estuvo muy emocionante. Todo se deslizaba con solo tocarlo y se quería caer, parecía como si estuviera en un barco en tormenta, pero congelado en un momento en plena ola. 

Una vez tuve todo listo empecé a chorrear el café y cuando el chorrito salió por abajo torcido hacia un lado casi se me rompe la mente al no ver lo que esperaba después de cientos de chorreadas de yodo a nivel. Fue algo interesantísimo la verdad, y me tomé el cafecito en un potrero del otro lado de la calle viendo los carros que subían y bajaban como abejones sobre la negra culebra de la calle que viene subiendo, serpenteando entre los clásicos campos, potreros y sembradíos que adornan las faldas del Irazú. 

Antes del final del atardecer pasó un local buena nota en bici y se quedó un rato. Terminó contándome entre otras cosas de su ansiedad y le pasé unos volados de respiración de yoga con los que se fue más tranquilo de lo que llegó y yo quedé alegre de haberle podido compartir algo que le ayudara en su camino.

En la noche sigo subiendo, subiendo y subiendo, hasta llegar al cráter abandonado. Ahí por primera vez en calle de lastre montañosa entro con mucho cuidado, probando a Jr. y tratando de no dejar el tanque de gas pegado en una piedra. Todo se menea tremendo y suenan las ollas y todas las cosas atrás como si hubieran cobrado vida estilo La Bella y la Bestia. Me pongo un poco tenso y me agarro más firmemente de la manivela como queriendo sostener los chunches, pero siguen sonando igual, o más…

Eventualmente encuentro un lugar nivelado casi en el centro del anciano cráter y apago el motor y las luces. Todo es silencio y quietud por un momento eterno… y luego poco a poco empiezo a percibir los sonidos que yacían escondidos tras el ronroneo del motor: el suave viento, los bichos de la noche, y el espeluznante grito de algún pájaro nocturno tratando de espantar a algún ratón para que salga de su escondite. Me abrigo bien antes de salir de mi guarida, con gorro peruano tapa orejas, guantes y todo el resto de la armadura que me salva de los cuchillos helados del frío desolado. 

Abro la puerta principal y las estrellas se ven increíbles aquí arriba! Todo el cielo está explotado con astros, desde los más brillantes hasta los que parecen polvo de estrellas en los rincones oscuros del firmamento. No hay nadie aquí arriba, ni una luz, ni un ruido que no sea natural existe en este instante. Un espectáculo maravilloso se desenvuelve en medio de la aparente quietud; el baile ancestral de la noche con las estrellas, de la montaña con el frío, de la luz con la oscuridad. 

Me quedé anonadado hasta que el frío me guió de regreso a Jr. María, mi casa, ahora en medio de este extraño baile. 

Ahora empieza a enfriar mucho adentro y ya está casi tan helado como afuera así que me dedico a intentar encender la calefacción por primera vez. Voy siguiendo al pie de la letra las instrucciones que me heredó su antiguo dueño. Encendí el switch azul, el control de la calefacción, y luego completé una serie de pasos que fácilmente podrían servir de combinación para una caja fuerte, pero nada. Varias veces completé todo el procedimiento pero no pasaba nada, entonces decidí salirme de las instrucciones… 

No estaba seguro si el piloto estaba prendido. De hecho siempre pensé que estaba apagado, porque la llamita solo se ve en oscuridad total como el fantasma de una chispa y tan tenue que ni creí que esa fuera, pero estaba cansado de lo mismo y quería intentar algo diferente entonces me la jugué a que algo me explotara en la cara y le di vuelta a la perilla dura de la calefa hasta “On” y me quedé esperando con la cara lejos a que algo pasara… De repente empieza a rugir como un dragón debajo de la cama y empezó a echar un aliento caliente y delicioso, hasta abanico tiene. ¡La Gloria Eterna! La verdad creo que la encendió Junior, ayudándome ahí. 

Afuera está helado y aquí yo disfruto del glorioso calorcito gracias al dragón que vive debajo de la cama. De pronto se sacude la van muy fuerte y después del susto vuelve a sacudirse y me asomo por la ventana y todo está blanco y las nubes pasan furiosas alrededor de la van, vientos fieros sacuden toda la casa. 

Al asomarme y ver las nubes pasar lo termino de confirmar; estoy volando entre las nubes, estoy soñando despierto.

En la mañana cantan las primeras aves y grillos y todo empieza a despertar con la suave claridad del amanecer. Abro la puerta y salgo a caminar para ver por primera vez de día mis alrededores y veo despejado el vecino Volcán Turrialba saludando a su hermano Irazú en toda la gloria de un nuevo día. Los colibríes flotan majestuosamente por un instante sobre las coloridas flores y se deleitan con su néctar. De sus plumas brotan destellos de todo el arco iris y en un abrir y cerrar de ojos salen disparados como un balazo silencioso hacia su próxima comida. 

Después de una bonita caminata mañanera regreso a la casa, me como un rico desayuno y cierro con lectura y café al aire libre antes de prepararme para la bajada.

Ya es casi medio día y la ceniza vuela por todas partes dentro del viejo cráter en nubes y olas y torbellinos como demonios de arena.

Agradecido con el lugar y la vida arranco sin problema y voy saliendo todo contento despacito por el lastre cuando en la última parte fea ya para trepar a Jr. a la calle suena un bombazo adentro justo atrás mío y el infarto fue instantáneo. Creí que había explotado el tanque de gas y ya estaba yo en el cielo cuando vi para atrás y me percaté de lo que en realidad había pasado. En el piso está la mesa que se vino desde “el closet” arriba y ese fue el estruendo. Ya una vez se me había caído así el tubo de la mesa (que también casi me mata del susto) y le encontré un buen lugar, igual quiero hacer con la mesa. Por ahora la pongo en el sillón bien prensada con los almohadones y sigo el camino…

*Notas: se me olvidó el termo, el headlamp, y también rellenar agua en la bomba y tuve que pasar a pedir de camino y Don Ronald se encargó que fuera un placer rellenar el tanque con agua fresca de las faldas del volcán.

Tiquete de viaje

Cancelá aquí tu tiquete de viaje al Volcán Irazú a bordo de la magia de la lectura. Incluye la noche de hospedaje. ¡Espero que hayás disfrutado! Gracias y pura vida. Javi

3,00 US$

Segundo viaje

Marzo 2019

Tres Ríos – Barranca, Barranca – Barranca, Barranca – Tres Ríos

Gas: Tiene un poquito menos de ¾ de tanque a la hora de salida

Gasolina: 21 rojos y medio

El portón nuevo finalmente está terminado y puedo volver a salir en otra expedición. Mi primera vez solo en la van, el segundo viaje en total.

El portón es un amor. Se puede abrir y cerrar con un dedo porque le pusimos un tensor arriba y quedó de maravilla.

Logro salir de la casa sin ayuda ni necesidad de esfuerzos titánicos, sin molestar a nadie. Hay buenos lugares para orillarse ya sea que uno vaya para arriba o para abajo mientras uno se baja a cerrar el portón. 

Paso a la gasolinera y por primera vez me doy cuenta del consumo de Junior, hay que alimentarlo bien y tenerlo bien afinado. Agua para tomar llené todo el tanque en la casa con la manguera, un pequeño trámite, pero me gusta llevar agua de la casa. 

Llego adonde Javier, en el famoso parqueo de la Boca. Mi tocayo se pone contento de ver la van y me dice que me estoy superando en la vida. Doña Nereida siempre está alegre y los chiquillos al principio creyeron que Jr. era una ambulancia. 

Es muy bonito llegar a un lugar y que la gente se alegre, y uno alegrarse de haber llegado. La única vaina es que la casa no cabe bajo ninguna sombra de sarán, son muy bajas para Jr. entonces parqueo al sol furioso y lastimosamente no hay posibilidad de acomodarlo con la puerta principal de frente al mar como me gusta, así que quedó con el parabrisas viendo hacia el mar. 

Una de las mejoras para este paseo fue conseguir un banquito para poner en la puerta principal para tener un lugar donde quitarse la arena antes de entrar a la casa, y de paso se suaviza la grada para subir al meterle un escalón. Para esto me traje un viejo banco plástico que era de mi abuelo y le agregué una vieja alfombrita que me encontré en los trapos de limpiar de la casa. ¡Ambos tendrán vida nueva!

Volviendo de surfear estreno el banquito de la entrada con alfombrita y ¡es una maravilla! Es mucho más fácil limpiarse los pies y mantener más limpia la casa. Después del primer paseo estaba considerando que dejar las sábanas puestas en el sillón cama durante el día no prometía, porque se llenaba demasiado de arena y es muy incómodo dormir con arena en los ojos, hasta para sentarse terminaba uno lleno de arena. Estaba incluso pensando en que  mínimo había que sacudirlas o tal vez hasta tener un juego para el día (esto porque sí es más fresco que el sillón pelado, y para mantenerlo limpio) y otro para dormir. Pero el banquito me llena de ilusión de poder parar la arena en la entrada y me surgen nuevas ideas. 

Es mucho más fácil evitar que entre la arena, 

que sacar la arena una vez que está adentro…

Hace mucho, mucho, mucho calor cuando para el viento. Lo bueno (en el día) es que se pone ideal para surfear, pero en la noche, demasiado calor y muchas purrujas y mosquitos bravísimos. Tengo puesto el cedazo de la ventana de arriba pero por la de al lado y por arriba se meten los chayules. Parece que tengo que decidir entre cocinarme en paz o ser picado por los pequeños vampiros bajo las suaves brisas de la noche… voy a buscar otra manera. Igualmente (especialmente en el día) la van es bien fresca adentro y se puede jugar con la ventilación si hay brisa (parquear lo más cerca del mar (puerta grande frente al mar) ayuda). De esto me he dado cuenta cuando tengo calor adentro y salgo, según yo a refrescarme, solo para darme cuenta de que hasta en la sombra está más caliente que en la van, realmente es una bendición. En el día, cuando hace mucho calor, siempre vale la pena revisar las olas.

Esta vez soy mucho más cuidadoso con el uso del agua, me alcanza con el tanque lleno para todo el paseo y me sobra; la consciencia y la experiencia cambian todo, para lo mejor. 

Pagar 5 rojos por noche me destroza un poco el sueño de vivir gastando poco pero creo que aquí lo vale, me alegra aportar a la causa de mi tocayo y aprovecho la agregada seguridad (igual no suficiente para bajar la guardia, paso echándole ojo a la tabla y a las cosas y siempre cierro con llave, estoy justo al borde del muro y la verdad se siente muy expuesto. Justo ahí termina la calle de lastre frente a la boca del río y es el lugar favorito de todos para ir a pasar el día y hablar de como en el Puerto no hay trabajo y tomar y fumar y ver las olas, o el horizonte, los barcos, Guana… qué sé yo, en Barranca todo puede ser… Llega gente buena nota, pero la vibra es intensa y de fijo no es el lugar para dejar nada mal puesto por la cantidad de gente que va y viene. 

Recuerdo todavía la gloria del Puerto en su época dorada, en los tiempos de mi abuelo. Cuando el estero era limpio y la gente vivía en la abundancia… Cuando voy todavía puedo ver esa magia escondida en los rincones, pero cada día cuesta más encontrarla. Sueño con que el resto de la gente la pueda ver también y que el Puerto salga de su larga somnolencia de vuelta a la luz. Anhelo ver brillar una vez más la Perla del Pacífico. 

En la noche cerca de la media noche me despierto muy alerta, con la respuesta de lucha o huida activada y veo que justo al otro lado del bajo murito de piedras claras hay un carro negro todo polarizado terror y se bajan una muchacha y tres o cuatro maes pegando gritos hostiles en su borrachera.

No logro volverme a dormir hasta que se van y paso tenso durante su estancia al final de la calle, asomándome como una vieja de patio escondido detrás de las cortinas con garrote, machete y puñal al alcance de la mano.

Lo bueno de pagar es que definitivamente es más seguro que afuera (aquí por lo menos), Javier, Nereida y sus hijos son muy buena gente, las duchas y los racks para las tablas son una maravilla y la comunidad del swell es buena compañía. 

Surfeo todo lo que puedo y paso el resto del día viendo olas. Hasta cuando estoy comiendo busco poder ver la ola, esperando el momento en que se ponga bueno para dejar todo y volver al agua. 

Me pego unas sesiones mágicas a horas extrañas. 

Veo la vida secreta del Spot Classic y su gente. Veo el mar teniendo piedad con borrachos que lo desafían, los tira afuera para que tengan otra oportunidad. Veo los detalles; como la llave de piedra que abre el cerrojo de una de las mil puertas del mar.

Aprovecho entre sesiones y le arreglo a Junior el parlante del copiloto que andaba flojo, lo dejo bien firme con 4 tornillos de las tantas cajas llenas de tornillos que tiene, y tornillos que me encuentro sueltos por toda la van que voy poniendo ahí con sus familiares. Me siento muy contento de poco a poco ir arreglando lo que puedo. Me inspiro tanto que leo un poco del manual original y aprendo mucho. Pero también me da una pereza tremenda y me da sueño y me duermo… Parece que solo cuando me quedo varado o algo no funciona es que de verdad el tema me emociona.

También estoy siendo más consciente del consumo de fluido eléctrico y ahora que las dos baterías están nuevas (tuve que comprar una nueva) no tengo ningún problema. La carga me alcanza durante toda la temporada sin arrancar a Junior ni una vez y a la hora de partir arranca como si nada, feliz y contento, listo para el camino. Esto a pesar de que todavía no le he cambiado “el cable del arrancador” que está con la cubierta derretida desde el primer paseo. Andrés mi compa de Super Baterías me recomendó comprar un cable calibre 6 en cualquier repuestera, todavía tengo que hacerlo…

El parlante de por la puerta principal no suena y a pesar de revisar todo lo que pude sigue en glorioso silencio. Platos y todo eso hay demasiados, ya había visto esto pero lo veo otra vez porque no he hecho nada para cambiarlo. Tengo que hacer una limpia cuando esté en La Casona. Este es otro pendiente que ya podría haber resuelto, pero ahí vamos; poco a poco. 

Lavarlo es otra cosa que tengo que hacer, voy a aprovechar el descuento (por la compra de la batería) en “La Cochera” cuando vuelva. 

En las noches encadeno el Longbough en su percha y duermo tranquilo porque nadie puede llevárselo sin darme cuenta, o eso creo. Poco a poco voy aprendiendo a subirla y bajarla de ahí y a manejar la tabla y el forro afuera del agua. En el camino la llevé adentro para que Junior fuera más aerodinámico (ahorro de gasolina) pero cuando llego a La Boca veo que el metal de la base de la mesa adonde va apoyada ahora la tabla se pone ardiente con el calor del motor. No creo que esto sea bueno para la tabla, entonces así como yo me pongo chanclas para manejar (especialmente en el pie derecho que va del lado del motor) para no quemarme, le pongo una tabla de madera para protegerla. La tabla es una parte que quité de la bodega/garaje (la parte de atrás de Jr.) para poder guardar ahí la tabla de surf pequeña. El tamaño es ideal y sirve perfecto. Esa fue la primera modificación que le hice a Jr. y en el momento decidí dejarla adentro porque pensé que de seguro me serviría para algo así que me alegra que ese momento haya llegado. Tener paciencia ha valido la pena. También es una perfecta mesita para usar en la terraza frente a la puerta principal. Me he percatado de que para menor huella y evitar accidentes en el mundo de los bichos que brincan y caen en el hirviente café es mejor elevarla un poco, la palangana es muy buena para esto y montañitas de arena también, el banquito también, pero lo necesito en la puerta, ahí es la gloria eterna. 

No pude poner el toldo de gangoche, no encontré cómo sin ocupar otro campo del parqueo. 

Con el tiempo me va quedando cada vez más claro que parquear con la puerta principal perpendicular al mar no es lo ideal para la vista ni para la brisa. La ventana de arriba al frente tiene cortinas, igual si las quito es oscura y poco se ve el mar, esto cuando no está tapada hasta arriba de ropa de cama y otros chunches, que hasta el momento es casi siempre. Abrir las cortinas del frente es un trámite, pero la verdad que igual si se quiere se puede tener algo de vista, pero nada como la de la puerta principal que es tan gloriosa, práctica, fácil, y abierta; da una vista despejada. 

Encontré un mejor lugar para la placa original prueba del linaje canadiense de Junior María en el lavatorio de atrás, pero se cae y también el jabón durante un viaje movido, me pegan tremendos sustos. Con viento fuerte también se caen… Para viajar es mejor que vayan seguras dentro del lavatorio.

Estar solo en la van es la gloria eterna, estar acompañado el doble, pero aprovecho, disfruto y agradezco lo que hay aquí, ahora, lo que es. Desayuno huevos con tocineta y tostadas con mantequilla en el horno, la tocineta es un despiche pa cocinar pero no tanto con tapa y es deliciosísima. 

Cada vez se siente más como un hogar. 

Camino bajo la luna llena y llego a dormir feliz a mi casita. 

Gracias, gracias, gracias, gracias.        

Pa surfear

El billete será puesto al servicio del deber sagrado de surfear las olas de la vida, pura vida! ¡Gracias!

3,00 US$

El primer viaje

Log

Marzo 2019

Tres Ríos – Hermosa – Matapalo – Hermosa – Tres Ríos

Gas- 10 rojos *Llené por primera vez al max, noté una pequeña fuga, mejor no llenar tanto.

Gasolina- 48 rojos *Un rojo equivale a mil colones

Lleno el tanque de agua y creo que es el final de las preparaciones, estoy listo para salir. Le aviso a la maigre y me acompaña en la oscuridad de la noche hasta el viejo portón de madera que recién acabo de rehabilitar con la ayuda de Amado, el viejo sabio que nos ayuda con la finquita. 

Quito la cadena y al abrirlo se rompen las bisagras y apenas logro sostenerlo por un instante para hacerme a un lado y verlo caer con un estruendo a la tierra después de décadas de estar en pie, pero en desuso… 

Con todas la fuerzas de la combinación de madre e hijo logramos levantarlo y acomodarlo apenas para pasar a Junior al otro lado; para liberarlo. Parqueo el carruaje en la oscura y sola calle y las rojas intermitentes lo protegen de todo mal mientras regreso al portón.

Lo movemos con otro masivo esfuerzo. Lo dejamos apoyado como mejor podemos del lado de las bisagras, del otro lado le doy varias vueltas con gruesa cadena y lo sello con un gran candado al poste original que todavía aguanta. Me despido de la maigre y finalmente emprendo camino.

El famoso V8 ruge en la oscuridad hasta llegar a Hermosa. Ahí dormimos y sudamos bastante en el amor de la noche, mucho calor y muchos bichos; estoy feliz, viviendo el sueño…

En la mañana abrimos la puerta larga y olas azules nos dan los buenos días. 

Nada como despertarse frente al mar y amanecer a surfear. 

Vuelvo y me como un delicioso desayuno con huevos y todo. Ponemos el toldo blanco de gangoche que nos regala sombra frente a la puerta y me doy cuenta de que hay que alinearlo bien a la hora de parquear, para tener un buen par de anclas a qué atarlo. El toldo es medio loco y parece que se está desintegrando, o está nevando, pero realmente son pedazos del toldo. 

El Dave llega a tomar yodo con Rufos y después seguimos camino hasta Matapalo. 

En un buen lugar frente al mar ponemos la casa con toldo y todo. La ventanita de arriba sobre la puerta es una maravilla, me permite ver las olas aún cuando estoy de pie picando cebolla y llorando de la felicidad; todavía no puedo creerlo, “¡La gloria eterna!” estoy viviendo el sueño. 

La palangana verde es buenísima para poner las cosas mojadas después de surfear. 

En la noche otra vez bichos y calor, pero descubrimos unos cedazos y son una salvación. Ahora podemos tener un poco de ventilación sin dejar entrar a todos los bichos. La ducha desde el tubo de atrás no promete mucho. El chorro cae muy cerca de la nave, es un desastre en la arena y gasta mucha agua. Pienso también en conseguir un trastero, pero me pasan un buen volado; puedo limpiar bien el fregadero también promete, y dejarlos secando ahí adentro si fuera necesario. Hay demasiados platos, vasos, y otros implementos que no se usan, hay que sacar, minimalizar, el espacio es precioso. 

Cuesta un poco darle vuelta al “asiento del capitán” pero le voy agarrando el toque, hay que echarlo palante y patrás mientras se gira y abrir la puerta también ayuda. Hay muchos ganchos que no sé para qué son, me dan ganas de quitarlos pero decido esperar y ver qué me revela la paciencia. Alguien se esforzó en ponerlos, así que voy a tomarme mi tiempo antes de invertir energía en quitarlos…

Se nos acabó el agua, es inesperado pero cierto. Vamos a buscar y por dicha en el super nos regalan y me compro algo simbólico en agradecimiento. La manguera blanca para llenar agua es corta, hay que parquear cerca del tubo, pero sirve perfecto. Listo para seguir y felizmente re-abastecido Junior del fluido vital le doy llave, no arranca, no pasa nada. Reviso a ver que esté en “Park” porque ya me había pasado que quedaba en marcha y no arranca, igualito que ahora, pero esta vez sí está en P, pero igual nada… 

Trato de puentearlo y mucha gente tuanis ayuda. Le doy llave y se derrite un cable “el del arrancador” según yo, mucho humo. Busco entre los repuestos y herramientas y encuentro otro que se derrite también, pero Junior logra arrancar y decidimos seguir hasta Hermosa para recargar la batería, en vez del plan original de pasar otra noche aquí. En el camino experimento con el cruise control, “¡Increíble!” Pero parece que pega mucho aceleronazo, tengo que aprender a usarlo mejor. 

Agotados de tanto imprevisto dormimos como troncos en Hermosa.

En la mañana después de verificar que no había problemas de arranque usamos el radio para escuchar música. Suena muy bonito pero parece que gasta bastante batería. 

Surf, surf, surf.

En el camino de regreso paramos en el restaurante “La Fiesta del Marisco” y comemos rico a cielo abierto al lado del mar. 

Junior no arranca. Lo empujan varones que tienen fuerza de empujar lanchas pero igual no arranca. Yo sabía que no iba a servir, y les dije, que es automático, pero igual querían demostrar sus fuerzas y yo siempre en el fondo la verdad que siempre albergo algo de esperanza, entonces lo intentamos igual, hasta que quedamos sudados y convencidos de que ese no es el camino. Pocas veces suele serlo; la fuerza, pero a veces sí es…

Me pongo a hacer loco y lo puenteo con él mismo, con el cable azul y los lagartos conecto sus dos baterías. El cable se derrite más, “el del arrancador,” y echa humo horrible, pestífero, péstilente, a cable achicharrado. 

Durante unos cinco o diez minutos juntamos toda la buena vibra que podemos. Ganesha nos ayuda a remover los obstáculos mientras esperamos un ratito para que cargue y cuando le doy llave Junior arranca! Por dicha, pero lo bueno es que si no, ¡igual dormíamos ahí, en casa! 

Después de un camino un poco tenso, como suele pasar cuando uno no puede apagar el vehículo por miedo a que no vuelva a arrancar, llegamos de regreso al Valle Central adonde dejo a la reina feliz en su casa y yo me voy y duermo fresco en la oficina de Eno Costa Rica. 

En la mañana, me despierto un poco desubicado ante ruidos extraños, pero en eso me acuerdo adonde estoy y me alegro cuando abro la puerta larga y veo venir a Father y a Karsten que me levantan con sonrisas y café.




Combustible para hacer sueños realidad

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Diarios del Carrocasa

Un nuevo comienzo


Esta es la historia de un sueño hecho realidad. El sueño es vivir la vida. En este caso ando rodando en Junior María; una Chevy Van G20 del año 1981, convertida en casa rodante. Aquí empieza el Primer Log de Diarios del Carrocasa; el cuento de quien no tiene la menor idea de lo que está haciendo, pero poco a poco lo va descubriendo, todo el rato escribiendo, y ahora finalmente compartiendo… ¡Buen viaje!

Tres Ríos, Costa Rica. 2019

Apoyo al Diario, a la magia, a los sueños… al arte.

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Sentado frente al parque disfrutando un café

Inventado recientemente, el método del aeropress es para mí una nueva y emocionante forma de tomar el elixir de la vida. Jonathan (el mesero) me explica con detalle todo el proceso, desde su concepción, hasta los cálculos matemáticos y la relación de café/agua; 1/14 en este caso. Un día quiero probar 1/10.

Lo pruebo y veo la cara de Jonathan liberar una sonrisa al momento que le digo que está delicioso. Contento, recoge todos los instrumentos y se va para adentro a la cocina.

El café es bueno aquí en el pueblo cafetalero de Concepción de Ataco, El Salvador. El día está terminando y los zanates gritan, celebrando, riéndose, o llorando; nadie sabe, pero hacen un escándalo. 

Los comerciantes desarman sus toldos al otro lado de la calle  y poco a poco se va la gente de vuelta a su casa. 

Un señor pasa ayudando a su madre viejita, feliz.

El vendedor de nueces hace sus últimas rondas y yo le compro 4 oz. de marañones.

La noche envuelve al pueblo y los zanates duermen, habiendo celebrado hasta el descanso.

Un perro negro y peludo olfatea la antigua calle de piedra y desaparece en el silencio…

café 2

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El silencio del domingo

Suena el viento fresco viajando entre los árboles.

Cerca del río, la lluvia cae suavemente sobre los cafetales. 

Arriba, las copas de los viejos sabios gotean sabiduría del cielo hacia la tierra.

Décadas enteras se esconden en sus troncos llenos de bromelias…

Los inmensos poró gigantes 1 resguardan la vida.


Sigue cayendo una lluvia suave y tranquila, casi como una nevada relajada, de esas que amortiguan o cancelan todos los otros sonidos.


Una manta sagrada protege al domingo de la amenaza de las máquinas escandalosas y el corre corre endemoniado del esclavizante entre semana. 


La magia ancestral, Durga 2, feroz y cariñosa, abriga al silencio y a la naturaleza; a la paz.


Gloria al agua, 

la lluvia cae cada vez más fuerte, 

apacigua hasta las palabras, letras, conceptos, todo… 

Nirvana 3



 1 Erythrina poeppigiana

2 Una de las muchas manifestaciones de la diosa madre de todo el universo.

3 La cesación, la extinción de todo sufrimiento


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