La costa

Aquí pegan de frente todas las furias de las tormentas marinas.

Las olas revientan cada vez más cerca y escalan la playa como queriendo salirse del mar. Blanco y espumoso el fiero hocico de un océano rabioso llega casi a la puerta de la casa. Ahora el viento se le une y solo falta la lluvia para que sea una tempestad.

Las hojas de las palmeras suenan sin parar y las que no logran aguantar se arrancan y con tremendo estruendo se arrastran aferrándose a los troncos durante su caída hasta llegar al suelo en un triste golpe final.

Suenan los ruidos sordos de las pipas que caen como meteoritos en la arena y un panal se menea terriblemente mientras un pueblo entero de avispas se aferra por la vida.

El pasto y el churristate ya no bailan sino que se doblan y se les dan vuelta las hojas que les quisiera arrebatar el despiadado viento.

Éste se enoja más y en su colerón le arranca las crestas a las olas y la espuma gruesa y blanca vuela al cielo elevada como nieve en una tormenta de otras latitudes…

Extracto de Diarios del carrocasa. El día del vendaval

Tirado en la maca

Verdes palmeras brillan entre la bruma del mar,

me arrullan las olas que revientan sin parar.

De los almendros con sus hojas de colores, 

llueven estrellas en forma de flores.


El horizonte marino me invita a soñar. 

Alzo la mirada y veo una flecha de pelícanos pasar.

Una pluma trabada y el canto de un gallo.

Una pipa que cae y un hombre que se levanta…


Un aroma a café entra en mi mente,

¡Qué rico un yodo caliente!

Diarios del Carrocasa

27/4/2021

Un día después de la luna llena.

No hay pan en Pavones. Fui al pueblo a comprar huevos y pan, pero no había pan en los tres supers (2 y 1 tiendita), se vendió todo el pan con el swell, “gracias a Dios” dijo el mae de la tiendita.

Cuando volví a Jr. sentí como volver a la casa después de andar lejos en un largo viaje, y aunque tal vez solo me fui media hora, es lo más lejos que he ido desde que llegué.

*La gloria de tormenta en buen refugio. Rayos y truenos y todo.

Extracto del capítulo Pavones-Pavones, Diarios del Carrocasa

Playa Hermosa

Me levanto al amanecer y todo brilla en luz dorada. En el aire se respira la frescura de un nuevo día. Un espejo gigante en la playa en marea baja refleja el cielo en la tierra. Arriba cielo azul y solo un trencito de nubes en el horizonte. Se ven relajadas, pasando por ahí a lo lejos. No sé de donde salieron, o en qué momento aparecieron… parecen pequeñas y pacíficas cumulonimbus y apenas flotan sobre el mar. No se ven amenazadoras como las montañas de lluvia y trueno que se levantan cuando empieza a entrar el invierno, más bien parecen ir haciendo viaje. Como que van de salida y esta es su despedida. A otros rumbos y otras vidas. Suerte nubes, hasta la próxima temporada!

 

13/5/19

Diarios del carrocasa

Dormí riquísimo y me desperté al amanecer, como de costumbre. Iba caminando por las rocas cuando avisté la Gran Garza Gris.* Salió de nadie sabe donde, flotó majestuosamente sobre el fresco aire de la mañana para cruzar la bahía, y llegó a descansar en el cucurucho de uno de los antiguos almendros de playa. 

Ahora me acuerdo que anoche me despertó un ruido extraño y cuando me asomé por la ventana a ver qué era me sorprendí bastante…

Era una tortuga! Se veía vieja y tenía conchas en la espalda, y no le molestaban los ladridos de Negro, quien ayer descubrí que también se llama “Sandal.” Glorioso nombre para quién vive sobre la arena y goza de comerse las cáscaras de huevo que quedan de mi desayuno todos los días.

Los caricacos y cangrejos se encargan de lo demás orgánico y les encanta el café. Los debe poner eléctricos… Ja!

Gloriosas olas entran a la bahía, estoy enamorado del mar, la tierra, y esta vida.


*(Ardea herodias)

Sacar un rato

Sacar un rato para compartir con un amigo, para agradecer, para vivir ahora, para dedicarlo a estar presentes por un momento. Percibir el silencio, la vida. Todo es increíble. 

Sentir la magia de un viejo árbol en el bosque, un ancestro, abuelo de los abuelos. 

Los pájaros siguen al sol y bandada tras bandada viajan volando hacia el Sur.

Una bandada se alimenta al borde del bosque cerca de la cima pelona de esta montaña. Vuelan bailando entre el suelo y los árboles en un tremendo espectáculo natural. Hablan mucho entre ellos y parecen comentar “que ya viene el invierno”, “que falta muy poco…” de repente, hay un instante en el que parecen ponerse todos de acuerdo y sin más, alzan vuelo perfectamente sincronizados y siguen su viaje al Sur, sobre las inmensas montañas del Tirol Austríaco.

Montañas majestuosas, tremendos picos y macizos de roca. Un paisaje perfecto en las alturas, mientras abajo, en el pueblo de Sankt Jakob in Haus, se vive en casas de cuento de hadas como en Hansel y Grettel. 

Gracias por compartir, un día perfecto.

En tren de Mughalsarai a Bodh Gaya

India

La fuerza de Banaras es fuerte y no me quiere dejar irme. No hay trenes, tengo que agarrar uno de una ciudad vecina, Mughalsarai. Ahí podré enrumbarme vía Gaya hacia Bodh Gaya, el lugar donde el Buda se iluminó debajo del árbol.

Me levanto a las seis y media de la mañana para salir con tiempo y aprovechar para bookear un hotel barato, pero el internet se fue desde ayer y mi ilusión de que hubiera vuelto en la mañana no se cumplió.

Camino unos 5 minutos entre los callejones y salgo a la principal donde me tratan de cobrar el doble pero encuentro un cycle rickshaw (bicitaxi) que me lleva por precio cercano al real. Una media hora en bici en el sol de la mañana está rico, antes de que se ponga infernal el horno mientras gira la tierra. Llego a la estación de tren y de ahí me voy en un jeep colectivo a Mughalsarai, conociendo en el camino a un hombre de familia que me dice viendo en su celular que mi tren tiene hora y media de atraso. Esto sería apenas una preparación o aviso de lo que vendría. 

Cuando compré el boleto me dijeron que el tren salía a las diez y media de la mañana y que era bien rápido, que duraba 3 horas a Gaya y de ahí era como media hora en tuk tuk hasta Bodh Gaya. 

Salió como una hora tarde y bien estrujado, con gente por todo lado. A pesar que era sleeper class yo llevaba gente encima y todo alrededor, en un momento hasta entrepiernada. Había por lo menos 5 personas en cada cama (supuestamente para una persona), un imposible enredo de zapatos y chanclas en el piso y bultos por todo lado (incluido el mío amarrado a las rejas de la ventana con un mosquetón para mantenerlo seguramente balanceado sobre la mesita donde lo podía ver y sin que fuera a caerle encima a nadie). Básicamente había como 25-30 personas en un espacio destinado para 4, bienvenido a India, bienvenido a compartir. Además de eso, en vez de durar tres horas duró como ocho. Las vistas fueron muy bonitas y también lo fue compartir con los locales. En el camino venden hirviente té, chai. Delicioso. Una experiencia muy linda, intensa como casi todo en India. Pasamos pueblos y campos y chozitas hechas de paja entre campos cafés y palmeras. Los ríos están secos. 

Cuando finalmente llego a Bodh Gaya me hago amigo de un local y hablamos un buen rato mientras comemos.

Javid me lo cuenta: “Two rivers. Dry.” Me cuenta de las cuevas en la montaña. Primero ofrece llevarme en su moto y después, cuando me pregunta si sé andar y yo le digo que más o menos, me dice que entonces me la presta, que él me explica el camino y después yo me la llevo, que los policías me dan derecho de vía por ser turista. Solo tengo que acordarme de manejar del otro lado de la calle y jugármela con el tráfico. Eso implica aprender a frenar controladamente, algo que nunca he tenido que hacer en Ometepe (una isla en el Lago de Nicaragua), el polo opuesto en población a la India y el único lugar donde he andado en moto (aparte de Copacabana en Bolivia), donde tampoco hay mucha gente y la única vez que tuve que frenar fue por una oveja en medio del camino. Logrando mantenerme del lado indicado de la calle y esquivando el resto del tránsito solo me quedaría subir en la moto por unas calles de piedra en la montaña tan empinadas que los tuk tuks no suben, y esos bichos suben por todo lado. Cuando llegue a las cuevas tengo que asegurarme de guardar la llave de la moto en la bolsa para que no me la roben los “monos blancos” quienes son muy agresivos según me cuenta Javid “the white monkeys.” Por eso no puedo llevar ni las llaves de la moto ni nada en la mano. Le pregunto a Javid qué pasa si me las quitan y me dice: “You can become monkey also and chase them and take it from them.” 

Suena como una buena aventura…

Si logro todo esto, puedo meditar en las cuevas donde meditó el Buda Gautama. 

Pura vida

Sopa de pollo

Una noche perfecta para comer sopa. Pocas veces se me antoja, pero hoy estoy decidido. Pocas veces sé lo que quiero, pero hoy quiero sopa de pollo. Tan seguro estoy que me voy a un lugar donde me advierten que tardan media hora en hacerla. Sé que estará deliciosa.

Camino a la cocina me intercepta un mesero muy alegre y después de darnos las buenas noches le pido la sopa de pollo sin nada de tomar y me pongo a leer Don Quijote. 

Estoy pensando pedir un vaso de agua, cuando llega el feliz mesero y pone sobre la mesa un vaso de fresco natural. —Pa que tome— me dice con una sonrisa —es cortesía de la casa.

Me tomo unos tragos mientras Sancho Panza busca la cabeza del gigante y Don Quijote acuchilla cueros de vino tinto para el pesar del ventero.

Llega la sopa en un plato tamaño palangana y a lo que vinimos. Me preguntan si necesito tortillas o arroz y al ver mi indecisión me traen los dos.

Me quemo las manos partiendo las tortillas y las añado a la sopa. El arroz va pa la sopa todo de un solo tiro. 

La primera cucharada es el paraíso. 

Cada cucharada va cargada con el máximo de sopa y algo especial. Papa. Chayote. Zanahoria. Pollo. Un trozo de tortilla. Arroz. Una tras otra sin hacerle mella. 

Se me abren todas las vías respiratorias.

Me empieza a dar calor.

Encuentro un par de tortillas que había dejado en la canasta y me las como a mano, sumergiéndolas antes de cada mordisco.

Poco a poco me voy llenando. Poco a poco la sopa va bajando. Cada vez requiero un poco más de esfuerzo para no llenarme todo el bigote y la barba. 

Me empiezo a aburrir. Me queda mucha sopa y solo unas cuantas papas, un pedazo de zanahoria y uno de chayote. Los parto a la mitad para tener algo con que entretenerme en cada cucharada. 

Empiezo a sentirme como cuando hice los 108 saludos al sol en yoga y siento por un momento que nunca voy a acabar. ¿Sería muy feo tomar sopa con pajilla? Esto simplemente no es práctico. La cuchara está bien para disfrutar la sopa con la emoción inicial, pero después se convierte un trámite ineficiente como la peor oficina de gobierno. Definitivamente es un reto comer sopa. Si quiero saber el carácter de alguien le daré sopa, pero yo me comeré un par de huevos fritos o algo fácil y práctico. Creo que comer sopa es mitad pasatiempo mitad comida. Ah, y ni hablar de las cucharas casi planas, que dificultan la tarea aún más, a mí que me den una pala!

De pronto todo pasa y queda tan poca sopa que tengo que volcar un poco el plato para cucharadas llenas. Unos trozos de papa y un chayote solitario. Parto las papas y voy a dejar el chayote para el final, pero me lo como de una vez. Me como las papas y no aguanto más. Me rindo. Agarro el plato y me tomo lo que queda de la sopa del borde del plato, me empujo un par de granos de arroz que habían quedado atorados y bajo el plato. 

Me sonrío a mí mismo, orgulloso de haber completado la faena como quién hubiese corrido una maratón. 

 

Un viaje por Nepal

 

Diario del Himalaya

 

Un día a la vez…

Así empezó la aventura por aquella cordillera, Abuela de las montañas de nuestra Tierra, en lo que hoy es Nepal. 

La idea es caminar alrededor del macizo Annapurna, disfrutando los paisajes en el día, y el calor, alimento, y compañía de los refugios en las noches. Llevo un buen bulto con todo lo necesario (ojalá), y el resto, espero encontrarlo todo en el camino…

Un viaje siguiendo la luz y la montaña, hacia arriba y hacia adentro, para abajo y para afuera. Caminar, y descansar… Un viaje de vuelta redonda, para llegar a ningún lado, y terminar, justo donde empezamos…

…y empezamos aquí, ahora, en Katmandú.

Siguiendo el hilo

…vuelvo a encontrar el camino dorado, esta vez en el borde de la hoja de un viejo y majestuoso libro de orquídeas…

…salgo de la biblioteca, cargado de magia y esperanza…