Por la línea del tren

Por la línea de la vida, 

Ruedan desbocados los vagones del olvido.

Los férreos rieles son las líneas que nos atan y liberan.

Todo esto, sobre los durmientes de los sueños…

Oasis

Atravieso la soledad en la oscuridad de la noche. Sobre opacas calles vacías voy a veces cuesta abajo y a veces cuesta arriba, sigo sin tregua en camino al lugar indicado. Voy siguiendo un hilo invisible de algo que siempre me ha guiado; El Camino Dorado

Recorro los silenciosos kilómetros sobre dunas negras que se tragan el brillo anaranjado de las luces del alumbrado sin devolver nada más que vacío y el aire frío se me mete en las orejas mientras sigo adelante con la mirada fija en la media luna que flota encima del horizonte. 

El camino es largo y es eterno, y de repente, en un instante, todo terminó. 

Llego al fin a la equis en el mapa y encuentro un portón cerrado, pero puedo escuchar voces que vienen del otro lado…

Aquí afuera las arenas del desierto azotan las rutas abandonadas en el olvido de la pandemia y la luna brilla distanciada, despidiéndose con un brillo amarillo antes de su retirada. Pronuncio el “Ábrete Sésamo” y salen a recibirme un par de beduinos con los que atravieso un portal a otra época… 

Entramos directo al Oasis, donde brillan las luces y la gente baila alegre al sonar de la música. “Sed alegres” se dijo una vez hace mucho y aquí, en el lugar menos esperado, encuentro que se sostiene un bastión de esa alegría. Veo gente viviendo la vida, disfrutando de la buena comida y bebida y compartiendo de todo en este juego de sueños y tragedias, todos bebiendo del cáliz de la compañía, eterna fuente de alegría. 

Un oasis en el desierto del Covid.

En un abrir y cerrar de ojos me devuelvo en el tiempo y en el canvas de mi mente se pinta con memorias un cuadro reluciente; el oasis de Huacachina en el desierto de Ica…  

Afuera, los vientos de la pandemia siguen moviendo la arena del tiempo, enterrando la camaradería, las amistades y las familias bajo las dunas de los años… Mientras aquí dentro, del pozo inagotable del ser, rellenado infinitamente por la abundante compañía, los camellos seguirán bebiendo galones y galones de gloria eterna, hasta la próxima travesía…

*Por lo menos, todavía se puede soñar¿Será, que estamos soñando despiertos? ¿Será, que esto también pasará? ¿Será, que hay rarezas con las que tenemos la suerte de topar, antes de que todo esto se llegue a acabar?

Un coyote

 

Un coyote aúlla en la cima de la montaña.

El viento se lleva su voz hasta el pueblo en el valle.

Un perro reconoce el sonido de su mejor amigo.

Sale sin hacer ruido y se brinca un portillo.

Corre a través de la oscuridad y escala la montaña de la noche.

En el tope está el coyote y por ahí va pasando la luna.

Se montan de un brinco y juntos se van a pasear… 

Los perros del atardecer

Ha llovido todo el día y llovió todo el día de ayer. 

Ahora sale el sol y se despide en un sangriento atardecer. 

Es un fuego que quema todo lo que el agua se llevó. 

Un cielo que se desprende de todo lo que fue. 


Un día más que nunca volverá.

Una noche nueva está pronta a llegar…


 Poco a poco va oscureciendo,

 Este día está muriendo.


En eso los terribles ladridos empiezan a aparecer.

Salen del otro horizonte como precediendo la salida de la luna llena.

Surcan todo el cielo, entran en nosotros y salen a la infinidad.

Le ruegan a la luna y a las estrellas;

 ¡Por favor, aunque sea una vez más, brillad!


Ladran, los perros del atardecer…

Tirado en la maca

Verdes palmeras brillan entre la bruma del mar,

me arrullan las olas que revientan sin parar.

De los almendros con sus hojas de colores, 

llueven estrellas en forma de flores.


El horizonte marino me invita a soñar. 

Alzo la mirada y veo una flecha de pelícanos pasar.

Una pluma trabada y el canto de un gallo.

Una pipa que cae y un hombre que se levanta…


Un aroma a café entra en mi mente,

¡Qué rico un yodo caliente!

Diarios del Carrocasa

Río arriba

El río de la vida

fluye por las piedras,

se disuelve en el océano.

Despertada por el sol,

Agua sube por los aires,

y vuela siendo nubes…

de noche trepa las montañas,

y se posa sobre ellas.

Y cuando ya no flota más,

se desploma hacia la tierra...

¡Y llueve vida de los cielos!

Oda a Hermosa

¡Saludo a Hermosa,

la más gloriosa!

Sus olas son montañas, 

potentes hasta las entrañas.

Sus cuevas tenebrosas,

llenas de dragones errantes.

Surgen de sus profundidades,

temibles gigantes.

Monstruos marinos escupen espuma blanca en cañonazos del mar.

…y de repente,

silencio ensordecedor,

un momento de paz…

solo suenan las burbujas que brotan a la superficie planchada por la furia del océano.

Más allá, algo tapa el horizonte…

Inmensos espectros del fondo del mar.

Líneas negras de proporciones bíblicas se levantan y avanzan silenciosamente,

saliendo de las leyendas para hacerse realidad,

y vienen para acá…

Flores en el jardín

En lo más seco de lo seco,

se abren flores en el jardín!

En secretas hierbas se esconden,

pequeñas estrellas de color en un mundo café.

En los árboles, flotan enjambres de flores moradas.

Agrega un poco de agua, y la vida brota agradecida.

Un poco de cariño, y las flores se abren en tu vida.

Bendita Pachamama, 

siempre agradecida!