La isla perdida

 

Caminamos hasta el final de la playa.

La arena se transforma en rocas.

Llegamos al final y seguimos.

Pasamos tantos finales…

 

De pronto aparece,

en medio del medio de la nada.

Una isla de arena rosada.

 

Corrientes del mar la tienen rodeada.

El cielo la toca con el viento.

Inmensos troncos duermen en ella.

Criaturas marinas la abrazan.

Alrededor las corrientes del mar giran sin parar.

 

Para encontrarla hay que perderse.

Una isla desolada.

Rodeada de vida.

 

La isla perdida.

 

Balance positivo

Salir en la mañana sin saber cuándo vamos a volver. Eso es aventura, y pasa todos los días, aunque no nos demos cuenta.

Es fácil verlo cuando se está viajando o explorando en las montañas, pero no tanto en el día a día. Una aventura es emocionante porque no sabemos qué va a pasar, porque cualquier cosa, podría pasar…

Cada día de la vida, cada momento, es así. Tal vez no nos demos cuenta cuando nos abotonamos la camisa en la mañana y salimos de la casa hacia el trabajo, pero todo podría pasar. Cada día es una aventura y podemos disfrutarlo así de tanto.

Momento a momento, día a día, se forma y transforma la aventura de la vida.

Disfrutar es una elección.

Ver lo positivo.

Hablar lo positivo.

Pensar lo positivo.

“Disfruto todo lo que puedo, el resto lo vivo, lo acepto y lo dejo pasar. Aprovecho el contraste como los altos y bajos en las olas del mar.”

Podemos cada día dejar el mundo un poco más feliz de como lo encontramos en la mañana. Dejar a la gente un poco más contenta, dibujando sonrisas y liberando risas. Compartir lo bueno y ayudar. Cada día se puede regalar alegría.

Poco es lo que se necesita para vivir y poco es lo que se necesita para ser feliz.

¡A disfrutar carajo!

pura vida

Pa Bali

De Tailandia a Indonesia

Me levanto a las 5:25 am del sillón donde dormí lo que pude en la casa de Landon. Salgo en silencio a la oscuridad. Camino unos minutos agradecido que no está lloviendo y llego al lugar donde pasa el transfer para el aeropuerto.

Del otro lado de la calle hay un bosque oscuro con un trillo cuasi túnel que me llama. Lo trato de ignorar, pero me sigue llamando hasta que gravito a su interior.

Al entrar me doy cuenta que me llamaba para enseñarme algo. Todos los árboles tienen en su espalda un recipiente hecho de medio coco, en el cual gotea algo blanco de un corte diagonal en su corteza. Lo toco y se siente como hule. Nunca había estado en una de estas plantaciones/fábricas tan interesantes. De no haber cruzado la calle nunca lo hubiera sabido…

Pasa el transfer por mí y en el counter de check-in aprendo que vale la pena pagar por adelantado el equipaje. Me quieren hacer pagar $100 por el bulto, cuando el pasaje me costó $60. Después de mucho suplicar y sacar y sacar cosas pasándolas a mi equipaje de mano me escapo pagando apenas un tercio de la estafa.

En los vuelos me siento en la ventana y viendo nubes increíblemente algodonosas recuerdo lo que me encanta de volar.

Aterrizo en Bali y estoy viviendo el sueño una vez más. Hace nada que estábamos donde el Dave rompiendo todo tipo de barreras y hablábamos de lo realmente posible que sería pegarnos un surf trip a Indo, dándonos cuenta de que no estaba tan lejos como creíamos. Pero jamás me imaginé que estaba tan cerca.

No me sirve la tarjeta en los cajeros automáticos y a pesar de que sospecho que me la bloquearon los del banco intento como mil veces, arriesgándome a perderla por completo. Cambio unos cuantos dólares a Rupias Indonesias para sobrevivir. Más tarde, comiéndome una pizza, me doy cuenta de que eso era exactamente lo que pasaba, el banco me la había bloqueado y a pesar de que me afirmaban que ya estaba activa, nuevamente fue denegada por el cajero automático.

Camino por callejones buscando posada. Paro un momento a ver las olas a la luz de la luna, perfectas. Bajo incontables gradas hasta encontrar un lugar en medio acantilado. Madés.

Ahora estoy en mi habitación que no tiene baño, pero sí muchas hormigas rojas y un abanico a control remoto. Me encanta.

Las 100 palabras

Las cien palabras que solo se pueden escribir una por una, letra por letra.

 Letra por letra se escribe un libro y una carta de amor. Un mundo fantástico en el que todo puede pasar. Un lugar donde la magia deslumbra todos los días y aumenta aún más por las noches. 

“Bastian comparte su sonrisa con el mundo y se siente ligero mientras monta su inmenso caballo negro porque está enamorado. Suelta las riendas y abraza el viento sabiendo que Cachalote galopa noble hacia la eternidad. 

Del otro lado del bosque, cruzando la pradera el amor espera…”

Soñando con tigres

Ranthambore, India

Me encuentro a mí mismo en India. Poco sé de cómo llegué aquí. No sé si mi esfuerzo me trajo o si todo esto pasó por sí solo.

Por fuera estoy sentado en un escritorio de madera iluminado por una lámpara con cuerpo de bronce y una sombra verde, por dentro, estoy volando. Escribiendo el sueño, viviendo el sueño, y siendo el sueño.

Mañana nos vamos a levantar de madrugada para ir al parque nacional a buscar tigres. Así es, vamos en un safari a buscar tigres. Tigres de verdad. De esos que de vez en cuando se salen del parque y comen ganado y hasta a veces gente. Esos majestuosos tigres inmensos que solo puedo imaginarme hoy, tendré la oportunidad de ver mañana. Aquí estoy con el punto rojo en la frente y me voy a dormir temprano y contento porque no importa lo que encontremos, vamos a estar en la presencia de naturaleza en una de sus manifestaciones más increíbles. Veamos o no los tigres, esto es increíble. Llevo todo preparado, osea, voy a llevar los binóculos. A ver si veo un tigre a los ojos. A ver que veo en el tigre, y que ve él en mí?

Que rujan los tigres y que corran y que brinquen y que meneen el rabo. A celebrar la vida. Pura vida.

Namasté tigres.

 

Aventura

Antigua, Guatemala

Decir que sí sin tener la menor idea de adónde vamos.

Ir a un lugar desconocido. Tirarse de cabeza. Sentir la emoción de no saber que va a pasar. Abrir los brazos y aceptar lo que venga, sea lo que sea. Disfrutar cada momento cautivado por la novedad de lo inexplorado. Hacer nuevos amigos y crear frescas memorias.

Cuando la aventura toca la puerta yo corro a abrirle, la invito a pasar y le preparo un café.

Volando

De Roatán a Managua, escala San Salvador

El constante zumbido del avión me entranza, igual que el cambio de perspectiva. Me sirven jugo de manzana sin hielo y una sprite en lata, caliente, la sprite. El maní y el sanguche ya me los terminé. El maní traía pasas. El jugo de manzana es mi champán. Me tomo un traguito para saborearlo, lo vuelvo a poner en su lugar, una depresión circular donde su base calza a la perfección. Lo veo y me siento como un rey. Me lo tomo todo de un solo. Abro la sprite y me pongo a ver las nubes por la ventana…

En el segundo vuelo trato de hacer lo mismo pero el jugo de manzana no parece champán y siento cómo que algo pasa. Me asomo por la ventana y un rayo salta diagonal de arriba a abajo en una gigante y oscura cumulonimbos. Me doy vuelta y veo que el chiquito que va un asiento atrás y a la derecha tiene las manos llenas de sangre y un diente en la mano…