Amor

Sin darme cuenta un ser llegó y me dio amor. Me dio amor desde el principio y me lo siguió dando sin importar lo que pasara, sin importar si yo estaba ahí o no, sin importar si el amor era correspondido. Amor de verdad.

Amor es entrega y apertura, brota del corazón sin esperar nada, es dar.

Yo sabía nada o muy poco de todo esto. Ahora cada día aprendo más y aunque a veces me meto en la cabeza y me olvido del amor y doy un paso para atrás, siempre doy dos más hacia adelante, hacia la apertura del corazón, hacia el amor verdadero.

Estos pasos no los doy solo. No sé qué hubiera pasado si este amor no hubiera despertado mi corazón, si no lo hubiera llevado de la mano hacia afuera. Despertó mi corazón y lo fue abriendo poco a poco. Le enseñó al amor que vivía en mi pecho que podía salir de esa cueva, removió una a una las piedras que bloqueaban la entrada, ahora vive en todas partes.

Me enseñó que el amor es puro e intocable, que no hay que cuidarlo porque nada le puede pasar, que es una dicha compartirlo y verlo crecer y multiplicarse en millones de formas. Me ayudó a abrir los ojos, para empezar a diferenciar el ego del amor y la mente del corazón. Me enseñó mil cosas que no se pueden explicar, pero se sienten y sé que nunca voy a dejar de aprender.

No sé qué va a pasar, pero sé que esto es lo mejor que me ha pasado.

Decidir

Una vez decidido nada me para. Empiezo a encontrar la dirección y poco a poco, como una corriente que empieza a tener velocidad, todas mis acciones y todo a mi alrededor empieza a tomar el mismo rumbo. Trato de aprovechar los picos de motivación del planeamiento y de haber tomado la decisión para atravesar las barreras más difíciles, como empacar y preparar todo. Paso por la batalla de querer llevar todo pero no querer cargar ni empacar nada y por miles de indecisiones, siempre sabiendo que menos es más. Me doy cuenta de que mis apegos son muchos, son más que las cosas que de verdad hago. Eso me ayuda a simplificar un poco y llevo solo lo que uso, y un par de cosas que no uso, y algo más, “por si acaso…”

Cuando finalmente me voy moviendo ya no hay nada más que decidir, solo hay ir, y eso es hermoso.

En el ir paso a través de tormentas y tempestades y el sentido de urgencia es tal que tengo que respirar profundo para calmar la prisa. Trato de no gastar toda mi energía en la presa para salir de la ciudad pero estoy muy emocionado. Ahora no hay otra cosa más simple y alegre que entregarme por completo y fluir con la alegría y el movimiento del universo. Todo es perfecto cuando dejo de tratar de cambiarlo.

Llego adonde Javier y Nereida y los chiquillos y los perros y las loras y otras visitas, todos muy sonrientes y ahí está mi lugar, frente al mar, un 10 perfecto.

El mar, que siempre me sorprende, me sorprende una vez más. Me da chance de preparar mi campamento y me enseña que no siempre se puede a la primera, pero que se puede, y que las cosas pueden ser aún mejores de lo que imaginábamos.

Entro al agua esperando, o mejor dicho, confiando en un milagro y recibo el infinito, más milagros de los que jamás había visto están ahí, ocurriendo al mismo tiempo. Y lo mejor de todo es que siempre habían estado, y siempre están siendo, aquí y ahora.

Salgo feliz en la oscuridad, abrazado por una luz interior que ilumina a otro nivel.

Saco la cocina, me como una avena caliente y me siento a tomar un té frente al mar. Veo una increíble rayería en medio de la cual flotan moles de barcos y al fondo ruge un viejo furgón que por un momento acompaña a los grillos y las olas en la sinfonía de la noche.

Sonidos y latidos de millones de corazones se escuchan y se sienten. Un viento que viene del mar llega de repente, mensajero de tormenta. Seguido de cerca por las primeras gotas de agua me avisa que me prepare y que no lo piense dos veces antes de ponerme a preparar mi refugio. Como un marinero en los viejos veleros de los libros me fajo tallando un poco aquí, soltando un poco allá, aprendiendo de las cuerdas y los nudos de la vida.

Satisfecho me siento apenas a tiempo para escuchar pesadas gotas caer sobre el toldo, latidos de incontables diminutos corazones.

Alegre y feliz voy a darle las buenas noches a mi anfitrión y recibo el mejor regalo que me podrían haber dado además de las buenas noches; dos espirales para defenderme de los mosquitos.

Sintiéndome totalmente bendito bajo el murmullo de la lluvia me acuesto en mi hamaca a descansar como pocos reyes habrán descansado. En paz.

 

Fiesta

Las jirafas comen en las alturas, estirando sus largos cuellos y arrancando las hojas tiernas de las acacias, cualquier otro las consideraría demasiado espinosas. Por los pastizales corren las gacelas, juveniles brincan ágilmente de un lado para otro. El verde brota por todas partes. La vida celebra la vida. Es como si hubiese llovido alegría.

Los primeros aguaceros reviven todo lo que tocan y África vibra renovada. En los charcos se bañan elefantes inmensos, tiran agua con su trompa y bañan todo en derredor. Las pequeñas aves comparten con los gigantes del continente “olvidado” y se bañan sin parar de cantar. El leopardo descansa entre las ramas, espiando con ojos entreabiertos mientras duerme su siesta. Los cachorros de una leona juegan y brincan felices mientras los buitres y las hienas gozan de los sobros. Las risotadas se escuchan hasta el cielo y Mama África sonríe. El reino animal disfruta este jolgorio, donde abundancia de agua es abundancia de vida.

A la distancia suenan los tambores de las tribus que se unen a esta celebración. El ritmo primitivo se mezcla con los truenos, bombos del cielo que anuncian nueva fiesta. En el horizonte reinan los inmensos cumulonimbos. En un increíble juego de luces los relámpagos son el primer aviso.  

¡Esta fiesta apenas está empezando!

Imposible

Un día te diste cuenta de que verdaderamente no hay límites. De un pronto a otro te percataste de que soñar con llegar a las estrellas es demasiado simple, tan ordinario, ni siquiera sale de lo conocido. Ahora sabes lo que realmente significa una aventura. Explorar lo inexplorado, conocer lo desconocido y desconocer lo conocido. Dudas por un momento, pero sabes bien que no hay vuelta atrás, además, atrás no quedó nada. Te atreves a levantar el telón de lo imposible y ves más allá:

 

“Una inmensa mariposa vuela hasta la luna.

Revolotea desempolvando tu mente.

Da vueltas incendiando el sol de tu corazón.

Coloca un solo huevo en el centro de tu vida y se mete dentro.

Por un instante todo es oscuridad.

El huevo empieza a brillar, cada vez más fuerte.

Eclosiona.

Luz en todas direcciones ilumina el infinito misterio del ser.”

 

Ese día, es hoy.

Invierno

El invierno parece tímido al inicio. Llega cauteloso durante las noches, abrigado por el silencio y protegido por la oscuridad. En la mañana todo está sutilmente más blanco, más quieto, más frío.

La nieve comienza a aparecer en los picos de las montañas alrededor y a lo lejos fortalece su presencia en las blancas cimas adonde se retiró durante el verano. Poco a poco las nevadas se atreven a salir a la luz del sol, pero siempre cerca de la noche. Mágicos amaneceres y atardeceres en los que blancas plumas de hielo flotan suavemente hacia la tierra en la luz dorada de la transición.

A todo esto la nieve viene lentamente bajando las montañas, cubriendo cada roca llega a la línea de árboles y los empieza a vestir de blanco. Se acerca casi imperceptiblemente, hasta llegar al pie de las montañas y colinas que rodean el pueblo.

Pasan los días y nada parece cambiar.

En eso, un día empieza una nevada que persiste día y noche y el invierno toma confianza.

Todo es blanco.

Solo el pequeño pueblo mantiene su calor y se resiste al vestido blanco, pero la nieve está todo alrededor y se derrite apenas en sus límites, adonde espera paciente la inevitable marcha de la naturaleza.

El invierno avanzará lentamente, hasta cubrir todo el pueblo, reduciendo el calor a cada casa, a cada hoguera, a cada corazón.

Todo se retira hacia su centro mientras afuera el invierno se extiende y se expande, cubriendo todo con una capa de nieve, paz y tranquilidad.

Mágica naturaleza

Quedarse quieto un momento en medio del bosque, al lado del arroyo.

El suelo está cubierto por una alfombra de agujas de pinos y un par de pájaros se acercan cantando. De rama en rama van volando y llegan a mi lado con sus copetes parados. Sus negros ojos brillan con salvaje libertad. Cantan y el aire se llena de alegría.

Eternidad.

Así como llegaron se van, volando, felices y cantando.

Yo me quedo arrullado por el sonido del agua hasta que el hechizo del viento me hace recordar que yo también estoy vivo y respiro el dulce aroma de las hierbas silvestres.

Agradezco y sigo mi camino por un bosque encantado en el que gigantes bloques rojizos de piedra arenisca cuentan míticas leyendas desde hace miles de años.

Entre hongos y bellotas, bajo la sombra de los pinos y el canto de los pájaros, en medio de la dureza de la roca y la suavidad viento, encuentro la magia de la vida.

Sobre una diminuta flor baila el más pequeño escarabajo.

Luz

La luz no se apaga ni se opaca por la oscuridad, todo lo contrario, su brillo es más evidente cuando ilumina las tinieblas.