Cambio de perspectiva

Hoy fui al mar varias veces y no logré lo que quería, pero aprendí algo mucho más valioso.

Tabla en mano y bloqueador puesto, iba listo para surfear, pero no me tocaba. Las condiciones no eran favorables, casi no había olas, mucha gente y demasiado viento. El mar me recetó en vez una clase de yoga para el alma y la sonrisa en mi corazón no me dejó duda, lo necesitaba más que surfear.

En la tarde regresé a la orilla pero había todavía menos olas y más gente. Esta vez el mar me sugirió trepar un árbol y desde el tope del viejo almendro de playa me deleité con una vista espectacular del horizonte. Una vista de águila de los mil colores del mar…

…Sopla el viento y me balanceo en el cucurucho que se mece bailando entre cielo y tierra. Me tambaleo por un momento en la mente y riéndome vuelvo al corazón.

Tal vez no todos los días se puede surfear, pero siempre se puede disfrutar.

Escribir

 

¡Qué aventura tan tremenda, tan tentadora, tan arriesgada!

Dejar la mente volar.

Ver cómo va, qué se le ocurre, y hasta dónde puede llegar.

Excavar hacia la luz en las profundidades del ser.

Documentar un viaje al centro de la mente.

Compartir los cuentos de una expedición al corazón.

Navegar el momento.

Entregarse a la deriva.

Jugar.

La voluntad divina de la vida.

Ver, Sentir

 “Caras vemos, corazones no sabemos…”

Es otro dicho seguramente mucho más profundo de lo que jamás he imaginado.

Superficialmente parece fácil de entender y muy cierto. Siempre lo he interpretado como que vemos la cara o “fachada” que las personas nos muestran, pero no sabemos sus verdaderas intenciones.

Ahora empiezo a creer que el corazón no se ve, se siente. La cara no siempre lo refleja y mientras sigamos enfocándonos en ver caras, difícilmente sabremos los corazones.

Tal vez, si dejamos de ver caras y empezamos a sentir, corazones sabremos…

Empezar

“Comer y rascar, todo es empezar.”

Eso me dijo Tía Cecilia una vez hace mucho tiempo y como la mayoría de los dichos de los abuelos, venía cargado de sabiduría.

Hoy me pregunto una vez más: ¿Por qué me cuesta tanto hacer lo que quiero?

Pienso en disciplina y me pongo a leer viejos escritos cuando de repente me acuerdo del dicho de Tía Cecilia. Me doy cuenta que aplica también para escribir, y posiblemente para todo…

¿Será, que todo es empezar?

Volver a empezar

Cada instante se vuelve a empezar.

La vida se renueva constantemente.

Fluye.

Yo me olvido de eso y sin darme cuenta voy acumulando, cada vez más y más hasta que la carga se vuelve demasiado pesada y una crisis me despierta a la realidad. No tengo por qué andar arrastrando todo…

Inhalo profundo y al exhalar por la boca suelto todo, todo, todo.

Lo que queda, es lo que soy.