Un chance más al Paz y Amor

Cuando menos sientes ganas de hacer algo puede ser cuando más lo necesitas, y suele ser así. Para mí hoy con fue una clase de yoga, pero no fue solo eso. Poco a poco me doy cuenta de que es así con una sonrisa, un cariño, un gesto, un mensaje, o tal vez solo un poco de paciencia y comprensión.

Vale la pena intentarlo una vez más, especialmente cuando ya no se quiere. Es un momento clave en el que las cosas pueden mejorar o empeorar, y depende de nosotros dejar que empeoren o crear una nueva oportunidad para que mejoren.

Prometo darle un chance más al amor, la paz, el bien, la amistad, la ayuda, la comprensión, la esperanza, la felicidad… Aunque sea uno más, uno más después de que ya no quiera. Porque escojo darle un chance más al Paz y Amor antes que dárselo a su opuesto. Por ellos, y por nosotros. Porque se siente bien. Yo decido darme una oportunidad más, para ser feliz.

 

Por encima de las nubes

Suena la tetera avisando que ya está el agua para el café. Qué delicia tomar un cafecito en la cima de una montaña sin nombre. Abajo, un manto de nubes cobija la ciudad al atardecer y me deja solo con las estrellas. Cierro bien la casa y me monto en la nave para ir a pasear por el espacio.

Soltar para volar

               

              Podemos volar al cielo solo si soltamos nuestros agarres del suelo.

Soltemos sin miedo, o con miedo, pero soltemos, porque qué difícil volar aferrándose a todo.

Soltemos el miedo, el pasado, las expectativas, los límites y los imposibles…

Elevémonos, volemos ligeros y dejemos que los sueños nos lleven hasta más allá de lo inimaginable.

Volvamos para contar el cuento y compartamos todo lo que hayamos tenido la suerte encontrar.

Invitemos a todos a volar.

Soltar, volar, amar.

Soltar.

Soltar.

Soltar.

Si queremos nos podemos volver a agarrar, así sea poco probable que eso llegue a pasar.

No nos preocupemos por perder lo que nos hace menos, menos felices, menos sonrientes, menos alegres.

Alivianémonos.

Liberémonos de nosotros mismos.

Volemos.

Porque sí que podemos.

Volemos.

Hacer

Hacer

Ahhh, ser…

Estos días he tenido la suerte de poder hacer algunos trabajos manuales con madera rescatada y estoy contento. Lo más sorprendente es que los trabajos son simples pero la gratificación es inmensa. Se dice que los expertos disfrutan su oficio cada vez más y me imagino que la experiencia lleva a la fluidez, pero este no es uno de esos casos. No soy nada cercano a un experto, de hecho muchas son cosas que estoy intentando por primera vez y aun así disfruto increíblemente.

Creo que al aceptar que no sé lo que estoy haciendo me permito ser libre y feliz con lo que sea que pase. Siento que esto me abre a ver que las ideas no salen solo de mí, sino también de la naturaleza. Se disipan las barreras de adentro y de afuera y se mezcla un poquito de todo en un todo junto. Al entregarme me doy cuenta de que soy un granito de arena, una ola en el mar. Yo hago, pero también muchas cosas pasan.

Disfruto el proceso al mismo tiempo como protagonista y espectador, maravillándome en las transformaciones.

Al final, la cereza sobre el pastel es algo tangible. Una forma que de algún modo es una manifestación de mi energía. Parte de mí entró en el proceso. Estuve presente y quizás alineado con la naturaleza durante la transformación, quizás nunca me he desalineado…

El demonio de la vagabundería

La vagabundería y el confort, el confort y la vagabundería. Tremendos demonios que me alejan de mis sueños y del crecimiento. Sabandijas que me convencen de no hacer nada cuando podría hacer de todo. Terriblemente persuasivos. Entran por cualquier hendija y se esconden en cualquier rincón.

Inicialmente parecen inofensivos, pero terminan devorando vida y sueños. Se meten un día de lluvia o un día de sol, en el éxito o el fracaso. No perdonan un momento de duda. Hacen que cualquier cosa se vuelva una buena razón para no hacerlo hoy, “porque estoy muy cansado, no tengo tiempo, no voy a poder, alguien lo puede hacer mejor, hoy ya hice mucho…” y un día se transforma en años.

Lo bueno es que de tanto dejarme convencer me he dado cuenta de que son embusteros que prometen todo y no dan nada. Que lo que me venden como un delicioso día de descanso es algo que nunca puedo disfrutar sabiendo que quisiera estar haciendo otra cosa pero me dejé convencer, porque esto es más “fácil”. Pero solo parece más fácil, y ahí está la trampa revelada. Me hacen pensar que hacer será difícil, pero termina siendo mil veces más difícil quedarme sentado viendo mis sueños a la distancia cuando podría estar caminando hacia ellos. Saber en el fondo que nada ni nadie más que yo mismo me está deteniendo. Por eso es que creo que el valiente héroe que puede abatir a estos demonios es la acción.

Aunque sea poco a poco, pero voy a caminar cada día hacia mis sueños, voy a hacer en vez de solo ver.

Además me he percatado de que con solo empezar todo cambia. Esa acción, ese primer paso, es el momento en el que el sueño cobra vida y comienza a hacerse realidad. Me dedico a seguir haciendo cada día, luchando y venciendo al demonio del confort y la vagabundería. Ese paso a paso se transforma en caminar los sueños, vivirlos, disfrutarlos. Porque al final, quién quiere un sueño que se cumpla de una sola vez y se acabó, cuando se puede vivirlo día a día, momento a momento, saboreando cada instante.

Quiero hacer lo que quiero, porque me gusta, en vez de no hacer porque me da pereza dejar el confort o por miedo al fracaso. Fracaso es no intentarlo, no vivirlo. Porque cualquiera lo hace mejor que quien no lo hace del todo. Yo quiero vivir, elijo vivir, ya, hoy, ahora. Siempre.

¡Qué rico vivir nuestros sueños, disfrutar nuestra vida, por decisión!

El camino

Brilla el sol y todo es alegría. Los cantos de las aves y el profundo rugir de los congos llenan el aire de celebración. Verde todo alrededor, la jungla celebra la vida.

Camino despacio por el sendero de piedras de río y me detengo un momento para apreciar el momento, para vivir el camino sin dejar mi mente adelantarse a mi cuerpo. Ella quiere olvidarse del camino y solo piensa en el destino.

¿Cuantas veces me pierdo la caminada al Yoga Shala, a las olas, a la catarata?

No sé, pero esta vez estoy presente, y el camino es hermoso y nunca me había dado cuenta.

El camino es parte del destino. Ya estamos viviéndolo, pero nuestra obsesión con metas concretas no nos permite verlo, queriendo definirlo todo en un solo momento cuantificable y reduciéndolo a un papel, una foto, un billete…

No hay divisiones entre donde empieza una cosa y termina otra. El camino a la surfeada es parte de la surfeada así como el primer paso hacia un sueño es parte del mismo. Inventamos tantas divisiones, límites y etiquetas que no nos damos cuenta que tal vez no hay principio ni final, que todo es parte de lo mismo y que fluye constantemente.

Una ranita negra con verde brinca entre las hojas.

Cada paso que doy las redondas rocas me masajean la planta de los pies.

Un inmenso árbol de tronco claro se regocija en la luz de la tarde y en sus hojas se funden el verde y el dorado en un baile de luz al que se une una pareja de lapas rojas con una explosión de rojo, amarillo y azul entre carcajadas de color.

Llego a la playa y las piedras son perfectas, y las olas también.

Disfruto la remada.

Disfruto la surfeada.

Regalando sonrisas, disfruto el sol, la vida.

Pura vida

Un viento fuerte

 

Un viento fuerte llega de repente y en un escándalo de hojarasca se lleva todo con él.

Lo que creía saber no puedo ni acordarme.

Quién pensaba que era es la memoria de un eco.

De lo único que me acuerdo es de olvidar todo, y eso solo por un momento.

Después…

Nada.

No quedó nada.

Todo lo que era se lo llevó el viento y no dejó ni el recuerdo.

 

Un vacío maravilloso donde todo puede ser.

Se llena con lo que es.