Ojo de cocodrilo

Rompiendo la superficie del agua hay un ojo que ve medio mundo mientras espera. Un cocodrilo tuerto que ha visto tantas migraciones, que ha comido tantos Ñus… Pagó un alto precio africano cuando un inmenso macho que saltó al agua le destrozó su otro ojo con su afilada pezuña, veinte migraciones atrás. Desde entonces espera un poco más lejos de la orilla, cauteloso.

La espera se hace eterna, como todos los años, y no hay señal alguna de los Ñus. Pero sabe que vendrán, tiene demasiada experiencia como para desesperarse. Aguarda mientras los otros se enfurecen y se pelean por el mejor territorio, todos queriendo estar en el mismo lugar, en “el paso”, el mismo de siempre.

El tuerto sabe que cuando vengan será una bonanza, sobrepasando sin mesura lo que pudiera comer hasta el más glotón de todos. Espera paciente al borde del grupo, distante pero presente. Espera y espera con su ojo fijo y vigilante, ignorando una turbulencia apenas perceptible en el agua. Un joven lo empuja, nadando rápidamente río abajo, sin respeto a sus mayores.

Cuando se da vuelta para ver al insolente su sorpresa es inimaginable.

¡Los Ñus han roto todas las leyes de la naturaleza y cruzaban todo este tiempo por su lado ciego!

Se impulsa con su poderosa cola y se dirige hacia el manjar tanto esperado, habiendo aprendido a no dejar el ojo demasiado pegado…

Paz

 

La paz de no dar más.

La paz de haberlo dado todo y saber que ya no se puede más.

La paz de haber llegado hasta el cansancio.

 

¡Qué tranquilidad!

 

Esa paz seguramente ya estaba desde antes de empezar, pero qué fácil es apreciarla cuando uno está agotado.

Esa paz que estaba desde antes del principio y que estará después del final.

Esa paz que siempre está.

 

Paz eterna.

Amor

Sin darme cuenta un ser llegó y me dio amor. Me dio amor desde el principio y me lo siguió dando sin importar lo que pasara, sin importar si yo estaba ahí o no, sin importar si el amor era correspondido. Amor de verdad.

Amor es entrega y apertura, brota del corazón sin esperar nada, es dar.

Yo sabía nada o muy poco de todo esto. Ahora cada día aprendo más y aunque a veces me meto en la cabeza y me olvido del amor y doy un paso para atrás, siempre doy dos más hacia adelante, hacia la apertura del corazón, hacia el amor verdadero.

Estos pasos no los doy solo. No sé qué hubiera pasado si este amor no hubiera despertado mi corazón, si no lo hubiera llevado de la mano hacia afuera. Despertó mi corazón y lo fue abriendo poco a poco. Le enseñó al amor que vivía en mi pecho que podía salir de esa cueva, removió una a una las piedras que bloqueaban la entrada, ahora vive en todas partes.

Me enseñó que el amor es puro e intocable, que no hay que cuidarlo porque nada le puede pasar, que es una dicha compartirlo y verlo crecer y multiplicarse en millones de formas. Me ayudó a abrir los ojos, para empezar a diferenciar el ego del amor y la mente del corazón. Me enseñó mil cosas que no se pueden explicar, pero se sienten y sé que nunca voy a dejar de aprender.

No sé qué va a pasar, pero sé que esto es lo mejor que me ha pasado.

Darle con todo

Hacer lo que deseo hacer y no dejarme convencer de lo contrario ni demasiado distraer. Hoy pude hacerlo y cuando me di cuenta estaba alegre y cantando. Parece increíble que esto no pase todos los días siendo una decisión mía pero es un gran factor la vagabundería, así como el miedo, la duda y la distraída. Ahora más que nunca estoy convencido de que no solo no hay nada peor que no intentarlo, sino que tampoco hay nada mejor que darle con todo. Ah, qué alegría llegar cansado al final del día. Como hace rato vengo diciendo hoy al fin lo vengo haciendo. ¡Hay que cansarse para poder descansar!

¡Vamos por ese sueño, abramos los ojos y démonos cuenta de que ya lo estamos viviendo!

Un té

Lleno la olla metálica con agua y la pongo sobre el fuego bajo. Le coloco la tapa para que no se escape el calor. Voy por la caja de tés especiales y busco entre la selección algo muy especial, algo único; el té para este momento. Ese que es imposible saber antemano pero que se sabe sin duda al reconocerlo. Solo me doy cuenta de cuál es cuando ya lo tengo en la mano. Abro con cuidado el tarrito y saco una cucharada que vierto dentro de la jaula del té sin que caiga nada afuera y la cierro bien. Preparo las tazas y apago el fuego, el agua acaba de hervir. Espero un poco, pongo el té en la olla y comienza la infusión; la magia en la que las hierbas le cuentan al agua sus secretos . Vuelvo a poner la tapa y lo que ocurre adentro es un misterio.

Alisto las tazas y cuando llega el momento levanto la tapa y destapo no solo una olla sino que libero una nube hechizada con un aroma que despierta la alegría del alma. Sonriendo lo vierto en las tazas y de una vez dejo preparando una infusión en frío bajo la luz de la luna.

Me retiro al aposento bien acompañado y con un viejo libro en mi mano tomo el primer sorbo de té. Me llega directo al corazón que me dice que todo está bien, la vida es buena y está llena de pequeños milagros, y gigantes también…

 

Decidir

Una vez decidido nada me para. Empiezo a encontrar la dirección y poco a poco, como una corriente que empieza a tener velocidad, todas mis acciones y todo a mi alrededor empieza a tomar el mismo rumbo. Trato de aprovechar los picos de motivación del planeamiento y de haber tomado la decisión para atravesar las barreras más difíciles, como empacar y preparar todo. Paso por la batalla de querer llevar todo pero no querer cargar ni empacar nada y por miles de indecisiones, siempre sabiendo que menos es más. Me doy cuenta de que mis apegos son muchos, son más que las cosas que de verdad hago. Eso me ayuda a simplificar un poco y llevo solo lo que uso, y un par de cosas que no uso, y algo más, “por si acaso…”

Cuando finalmente me voy moviendo ya no hay nada más que decidir, solo hay ir, y eso es hermoso.

En el ir paso a través de tormentas y tempestades y el sentido de urgencia es tal que tengo que respirar profundo para calmar la prisa. Trato de no gastar toda mi energía en la presa para salir de la ciudad pero estoy muy emocionado. Ahora no hay otra cosa más simple y alegre que entregarme por completo y fluir con la alegría y el movimiento del universo. Todo es perfecto cuando dejo de tratar de cambiarlo.

Llego adonde Javier y Nereida y los chiquillos y los perros y las loras y otras visitas, todos muy sonrientes y ahí está mi lugar, frente al mar, un 10 perfecto.

El mar, que siempre me sorprende, me sorprende una vez más. Me da chance de preparar mi campamento y me enseña que no siempre se puede a la primera, pero que se puede, y que las cosas pueden ser aún mejores de lo que imaginábamos.

Entro al agua esperando, o mejor dicho, confiando en un milagro y recibo el infinito, más milagros de los que jamás había visto están ahí, ocurriendo al mismo tiempo. Y lo mejor de todo es que siempre habían estado, y siempre están siendo, aquí y ahora.

Salgo feliz en la oscuridad, abrazado por una luz interior que ilumina a otro nivel.

Saco la cocina, me como una avena caliente y me siento a tomar un té frente al mar. Veo una increíble rayería en medio de la cual flotan moles de barcos y al fondo ruge un viejo furgón que por un momento acompaña a los grillos y las olas en la sinfonía de la noche.

Sonidos y latidos de millones de corazones se escuchan y se sienten. Un viento que viene del mar llega de repente, mensajero de tormenta. Seguido de cerca por las primeras gotas de agua me avisa que me prepare y que no lo piense dos veces antes de ponerme a preparar mi refugio. Como un marinero en los viejos veleros de los libros me fajo tallando un poco aquí, soltando un poco allá, aprendiendo de las cuerdas y los nudos de la vida.

Satisfecho me siento apenas a tiempo para escuchar pesadas gotas caer sobre el toldo, latidos de incontables diminutos corazones.

Alegre y feliz voy a darle las buenas noches a mi anfitrión y recibo el mejor regalo que me podrían haber dado además de las buenas noches; dos espirales para defenderme de los mosquitos.

Sintiéndome totalmente bendito bajo el murmullo de la lluvia me acuesto en mi hamaca a descansar como pocos reyes habrán descansado. En paz.