“Poco a poco”

Siempre lo digo, pero poco lo aplico.

Creo que hasta ahora me doy cuenta de que me conformaba con decirlo, y al nombrarlo lo descartaba, como pasa con tantas cosas. Como si ya lo hubiera hecho, como si decirlo y hacerlo fuera la misma cosa…

Decía “poco a poco,” pero realmente lo quería todo “de un solo tiro”.

Si aplico el “poco a poco” puedo estar en paz con el avance, lo recibido, lo olvidado, lo que es. El dicho me dice que acepte, me señala que el camino es gradual  y me invita a vivir el proceso. De esos “poco a pocos” está hecha la vida, de cambios a veces imperceptibles y dichos que dicen todo.

Disfrutemos la vida. “Poco a poco,” eso es todo.

Retorno del olvido

 

Volver después de dejarlo.

Regresar después de irse.

Hablar después del silencio.

Beber después de la sequía.

 

Creo que es bueno tomar distancia, descansar, dejar algo por un tiempo. Nos aclara si realmente lo necesitamos y cuánto lo disfrutamos. A la misma vez creo que es peligroso el olvido, la inconsciencia. Sin darnos cuenta podemos permitirnos perder aquello que tanto bien nos hace, que tanto disfrutamos. Si no tenemos claro cuánto tiempo queremos dejar pasar, o si no estamos realmente conscientes, es fácil que la pereza se meta y combinada con el olvido el lado oscuro de la mente nos puede convencer de que ya no… Que ya no podemos hacer aquello que hacíamos, quiere que lo dejemos tirado. Pero puede más la consciencia y el corazón, así que cuando te acuerdes de aquello que te llena el corazón y la mente te dice que es muy tarde… Ve y hazlo, porque nunca es tarde para ser feliz!

Paz

 

La paz de no dar más.

La paz de haberlo dado todo y saber que ya no se puede más.

La paz de haber llegado hasta el cansancio.

 

¡Qué tranquilidad!

 

Esa paz seguramente ya estaba desde antes de empezar, pero qué fácil es apreciarla cuando uno está agotado.

Esa paz que estaba desde antes del principio y que estará después del final.

Esa paz que siempre está.

 

Paz eterna.

Amor

Sin darme cuenta un ser llegó y me dio amor. Me dio amor desde el principio y me lo siguió dando sin importar lo que pasara, sin importar si yo estaba ahí o no, sin importar si el amor era correspondido. Amor de verdad.

Amor es entrega y apertura, brota del corazón sin esperar nada, es dar.

Yo sabía nada o muy poco de todo esto. Ahora cada día aprendo más y aunque a veces me meto en la cabeza y me olvido del amor y doy un paso para atrás, siempre doy dos más hacia adelante, hacia la apertura del corazón, hacia el amor verdadero.

Estos pasos no los doy solo. No sé qué hubiera pasado si este amor no hubiera despertado mi corazón, si no lo hubiera llevado de la mano hacia afuera. Despertó mi corazón y lo fue abriendo poco a poco. Le enseñó al amor que vivía en mi pecho que podía salir de esa cueva, removió una a una las piedras que bloqueaban la entrada, ahora vive en todas partes.

Me enseñó que el amor es puro e intocable, que no hay que cuidarlo porque nada le puede pasar, que es una dicha compartirlo y verlo crecer y multiplicarse en millones de formas. Me ayudó a abrir los ojos, para empezar a diferenciar el ego del amor y la mente del corazón. Me enseñó mil cosas que no se pueden explicar, pero se sienten y sé que nunca voy a dejar de aprender.

No sé qué va a pasar, pero sé que esto es lo mejor que me ha pasado.

Decidir

Una vez decidido nada me para. Empiezo a encontrar la dirección y poco a poco, como una corriente que empieza a tener velocidad, todas mis acciones y todo a mi alrededor empieza a tomar el mismo rumbo. Trato de aprovechar los picos de motivación del planeamiento y de haber tomado la decisión para atravesar las barreras más difíciles, como empacar y preparar todo. Paso por la batalla de querer llevar todo pero no querer cargar ni empacar nada y por miles de indecisiones, siempre sabiendo que menos es más. Me doy cuenta de que mis apegos son muchos, son más que las cosas que de verdad hago. Eso me ayuda a simplificar un poco y llevo solo lo que uso, y un par de cosas que no uso, y algo más, “por si acaso…”

Cuando finalmente me voy moviendo ya no hay nada más que decidir, solo hay ir, y eso es hermoso.

En el ir paso a través de tormentas y tempestades y el sentido de urgencia es tal que tengo que respirar profundo para calmar la prisa. Trato de no gastar toda mi energía en la presa para salir de la ciudad pero estoy muy emocionado. Ahora no hay otra cosa más simple y alegre que entregarme por completo y fluir con la alegría y el movimiento del universo. Todo es perfecto cuando dejo de tratar de cambiarlo.

Llego adonde Javier y Nereida y los chiquillos y los perros y las loras y otras visitas, todos muy sonrientes y ahí está mi lugar, frente al mar, un 10 perfecto.

El mar, que siempre me sorprende, me sorprende una vez más. Me da chance de preparar mi campamento y me enseña que no siempre se puede a la primera, pero que se puede, y que las cosas pueden ser aún mejores de lo que imaginábamos.

Entro al agua esperando, o mejor dicho, confiando en un milagro y recibo el infinito, más milagros de los que jamás había visto están ahí, ocurriendo al mismo tiempo. Y lo mejor de todo es que siempre habían estado, y siempre están siendo, aquí y ahora.

Salgo feliz en la oscuridad, abrazado por una luz interior que ilumina a otro nivel.

Saco la cocina, me como una avena caliente y me siento a tomar un té frente al mar. Veo una increíble rayería en medio de la cual flotan moles de barcos y al fondo ruge un viejo furgón que por un momento acompaña a los grillos y las olas en la sinfonía de la noche.

Sonidos y latidos de millones de corazones se escuchan y se sienten. Un viento que viene del mar llega de repente, mensajero de tormenta. Seguido de cerca por las primeras gotas de agua me avisa que me prepare y que no lo piense dos veces antes de ponerme a preparar mi refugio. Como un marinero en los viejos veleros de los libros me fajo tallando un poco aquí, soltando un poco allá, aprendiendo de las cuerdas y los nudos de la vida.

Satisfecho me siento apenas a tiempo para escuchar pesadas gotas caer sobre el toldo, latidos de incontables diminutos corazones.

Alegre y feliz voy a darle las buenas noches a mi anfitrión y recibo el mejor regalo que me podrían haber dado además de las buenas noches; dos espirales para defenderme de los mosquitos.

Sintiéndome totalmente bendito bajo el murmullo de la lluvia me acuesto en mi hamaca a descansar como pocos reyes habrán descansado. En paz.