Día XII. Churi Ledar – Thorung High Camp

 

Diario del Himalaya

 

Amanece divino, el sol fresco y el cielo azul. Todo está cubierto de gotitas de agua que brillan como cristales. ¡Gracias por un nuevo día, bienvenido, nuevo día!

Parece que hubo un estallido de flores en las alturas. Amarillas como girasoles, otras las “margaritas” moradas. Hay pequeñitas, azules y moradas. Rosadas, rojas, blancas, y unas rarísimas que cuelgan como si pesaran empapadas, escondiendo su entrada y sus colores hacia el suelo. Plantas blancas que huelen delicioso. Los cipreses enanos cantan con pájaros en su interior. Pajaritos cafés y uno café con puchero rojo y cola levantada, que se le infla el rojo puchero cuando canta… ahora sostiene un bicho en el pico. Otro enmascarado con antifaz negro y anaranjado en su panza vuela de aquí para allá, celebrando la mañana. 

Arriba, entre rocas y nubes vuelan los grifones. Ya no hay árboles para hamaquear. Solo rocas y deslizamientos de rocas. El río está cada vez más flaco aquí cerca de su origen,  cuando no se la han unido las cascadas del camino. 

Logro entregarme, al camino, al mundo, a la naturaleza y a la vida, todo es asombroso. La vida aquí arriba, en un ambiente que parece hostil, brota literalmente de las piedras y abundancia es la única forma de describirlo para quién abre los ojos. 

Los descansos ahora son en los albergues, adentro, porque afuera está demasiado frío. Nos juntamos los pocos caminantes, que entre todos somos como ocho, a jugar naipe y hablar de la vida. Pasa un inmenso grifón sobrevolando bajo y todos nos emocionamos pero solo un par salimos a verlo.

Llegando al High Camp, a más o menos cuatro mil novecientos metros sobre el nivel del mar, me topo un grupo de treinta y resto cabras montesas trepadas en un acantilado. Brincan por todo lado, tirándose de cabeza en forma casi suicida de un borde invisible a otro sobre la cara de la piedra. Unos dudan y se detienen antes de saltar, como analizando el riesgo, o calculando el brinco, pero los que vienen atrás no les dan tiempo y rápidamente les pegan un empujón con los cachos que los saca de su indecisión, mandándolos a su suerte por los aires… Los machos grandes tratan de saltar a las hembras ahí mismo y se embisten por los turnos. Se enfrentan al borde del abismo. Suenan cachos contra cachos en los violentos choques y los pedruscos caen libremente, volando por el acantilado, rebotando de vez en cuando en una saliente y quebrándose en mil pedazos que finalmente llegan a descansar montaña abajo en un puño de lastre que seguro lleva acumulándose cientos de años. Las crías saltan por laderas imposibles y un macho gigante me mira desde arriba; El Rey Cabrón. Suenan las pezuñas de roca en roca mientras otros pastan mucho, pero mucho más abajo, por el deslizamiento de roca, ajenos aparentemente a la locura de sus co-especímenes. 

En todo el rato que las estuve observando (que fue mucho) no vi ni una caerse, o siquiera tropezar. Por más locas que se ven, saben lo que están haciendo, y lo hacen perfecto, pues el acantilado no perdona. Siempre me habían impresionado, pero hoy fue el día que empecé mirándolas y terminé admirándolas. Tremenda exhibición de la naturaleza! Gracias, una vez más.

Llegamos al High Camp y me doy un baño de balde de agua caliente, porque ayer no me bañé, pero hoy sí. 

Un peludo animal que parece un cruce entre conejo y ratón brinca sobre las piedras afuera de la ventana, lindo, se ve calientito pese a que afuera debe estar helado. Adentro está helado también… 

En el albergue conozco y comparto con otros viajeros, se disfruta. Un experimentado catalán me habla sobre el famoso “Gerardi Escaldat,” (o algo que sonaba parecido a eso) también conocido como Culo Quemao, el terror de todo caminante. Me dice que el secreto  para curarlo es “Que el culo respire.” Me explica que para eso lo mejor es dormir chingo. Dice que también ayuda el talco de bebé… He escuchado cuentos de quienes han usado hasta aceite de cocinar en su desesperación.

Con esos sabios consejos ya documentados nos vamos cada uno a dormir, a las siete y media de la noche. 

Mañana a las cuatro y media es el desayuno, y a las cinco esperamos salir rumbo al paso Thorung La.

Que la montaña nos bendiga.  

2 comentarios en “Día XII. Churi Ledar – Thorung High Camp

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