Día V. Tal – Danaqyu – Timang

 

Diario del Himalaya

 

Amanece lindo, cielo azul (partes), cantan las aves. Salimos del plano divino de Tal y el río es un rápido otra vez. Al fondo del cañón vemos por primera vez los picos nevados, montañas en el cielo. 

Pinos y verde, cascadas por todo lado, es la magia del Monzón, temporada baja en turistas y alta en vida silvestre. Siento dolor en mi pierna izquierda, pero algo se alivia con el mentol chino. 

Caminamos al borde del abismo; entre, sobre, y debajo de las inmensas montañas de roca.

Llegamos a Danaqyu pero decidimos quedarnos un rato antes de seguir y subir a Timang, donde si dios quiere tendremos mejor vista de los picos nevados. 

En Danaqyu cargan a los burros, y estamos apenas a tiempo para verlos salir. Salen en caravana, bajando la montaña en fila, sonando sus campanas. Van sonando sus campanas en el silencio, cada vez más lejos, cada vez más tenue, como luciérnagas que se alejan en la oscuridad… Pasa una vaca sonando su campana, y después un perro, hasta los perros tienen campana, y suena muy bonito y alegre. Este sonido quedaría grabado en mi mente como el sonido de Nepal, y cada vez que lo escucho me alegro y regreso a las montañas, allá adentro en mi recuerdo…

Caminamos por un bosque encantado, lleno de pájaros y sus melodías. Vemos uno parecido a un manakin, con capucha celeste. Un viejo puente de troncos nos inunda de ancianos recuerdos con su aroma de madera. Un gigante solitario, un ciprés inmenso, nos ve pasar. Nos adentramos en la oscuridad del bosque y empiezan a aparecer los árboles más grandes que he visto (todavía más grandes que los de ayer). Troncos gigantes que se pierden de vista entre las nubes conectan el cielo con la tierra.    

Llegamos al hospedaje, donde una señora muy tora, de apariencia totalmente mongol trabaja en el jardín, atendiendo con cariño las plantas de la huerta. Otra vez somos los únicos en el hotel y tengo el lujo de elegir un cuarto esquinero con triple vista a las montañas. Soñado! El paisaje es magnífico. 

Me baño con balde de agua hirviendo y voy a caminar por el pueblo. Tomo un café y me adentro en el bosque de gigantes. Voy en medio de la maleza cuando un recuerdo rompe como una burbuja la superficie de mi mente: “¡Nettle”, never touch!” me había dicho Kissna de una mata que ortiga terriblemente, pero no me acuerdo cuál es, hasta un momento después… cuando me ortiga todo. Es como la picada de una avispa, que anda con un monton de amigas, me pica a través del pantalón los muslos tan fuerte que juro nunca volver a olvidarla así de fácil, y todavía me acuerdo: 

“¡Nettle”, never touch!”

Sentado en una piedra bajo sombra centenaria espero con los binóculos a ver si se despejan los picos y salen las aves. Qué suerte tenemos de vivir en este mundo tan hermoso. Los árboles más altos que he visto en mi vida.

Llega la niebla y suenan los llamados de alguien arreando sus animales. Búfalos hace días no vemos, tal vez aquí arriba ya es demasiado frío para ellos… Vi el primer caballo de la caminata, será un Mustang? Quién sabe… Esquivando nettle, sigo explorando.

Estoy viendo el cielo cuando en eso distingo algo entre las nubes, algo que no puede ser… Picos se asoman entre las nubes, alto, demasiado alto. Son montañas que se fueron flotando a jugar con las nubes, y nunca bajaron… 

Poco a poco mi mente se va abriendo a la magnitud del Himalaya, el mundo y la vida.

 

La Montaña

Qué fácil escuchar un pájaro en su silencio. 

Qué difícil verlo en su inmensidad. 

¡Este bosque de gigantes!

 

Magia. La magia existe y es evidente para cualquiera que abra sus ojos a la naturaleza. Pero en las Himalayas, hasta un ciego lo puede ver. 

Templos de la naturaleza. 

Un toro y una vaca se reúnen en secreto en el bosque. Disfrutan su amor eterno en la fugaz luz del atardecer. Sus caricias me derriten el corazón. 

En el pueblo una señora descalza sostiene un leño en cada mano. Descalza sobre la fría piedra. Sonriente. Invencible. La magia de la montaña es fuerte, y la gente de aquí está llena de ella.

Fuego.

Delicioso olor a ajo en la penumbra. 

Qué es esto que siento, me pregunto… Es la paz. La paz de la montaña. Me doy cuenta mientras cae la noche. 

…Una vaca de tres patas brinca en la tarde de mi recuerdo, sonando su campana mientras valientemente mantiene el paso del grupo, al borde del pueblo de Tal, regresando de pastar…

Empieza la lluvia. Cae de la oscuridad. Busco refugio.

Comemos con la señora de la casa en una verdadera cocina de montaña, refugiados del frío y cerca del fuego, humo, madera, mantas… buen alimento y té de miel con limón y jengibre. 

Afuera, mariposas nocturnas vuelan suavemente, hechizadas por el brillo del manto blanco con bombillo.  

 

Se apaga la luz y me dejo ir, al mundo de los sueños, arrullado por un grillo…

 

2 comentarios en “Día V. Tal – Danaqyu – Timang

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