El demonio de la vagabundería

La vagabundería y el confort, el confort y la vagabundería. Tremendos demonios que me alejan de mis sueños y del crecimiento. Sabandijas que me convencen de no hacer nada cuando podría hacer de todo. Terriblemente persuasivos. Entran por cualquier hendija y se esconden en cualquier rincón.

Inicialmente parecen inofensivos, pero terminan devorando vida y sueños. Se meten un día de lluvia o un día de sol, en el éxito o el fracaso. No perdonan un momento de duda. Hacen que cualquier cosa se vuelva una buena razón para no hacerlo hoy, “porque estoy muy cansado, no tengo tiempo, no voy a poder, alguien lo puede hacer mejor, hoy ya hice mucho…” y un día se transforma en años.

Lo bueno es que de tanto dejarme convencer me he dado cuenta de que son embusteros que prometen todo y no dan nada. Que lo que me venden como un delicioso día de descanso es algo que nunca puedo disfrutar sabiendo que quisiera estar haciendo otra cosa pero me dejé convencer, porque esto es más “fácil”. Pero solo parece más fácil, y ahí está la trampa revelada. Me hacen pensar que hacer será difícil, pero termina siendo mil veces más difícil quedarme sentado viendo mis sueños a la distancia cuando podría estar caminando hacia ellos. Saber en el fondo que nada ni nadie más que yo mismo me está deteniendo. Por eso es que creo que el valiente héroe que puede abatir a estos demonios es la acción.

Aunque sea poco a poco, pero voy a caminar cada día hacia mis sueños, voy a hacer en vez de solo ver.

Además me he percatado de que con solo empezar todo cambia. Esa acción, ese primer paso, es el momento en el que el sueño cobra vida y comienza a hacerse realidad. Me dedico a seguir haciendo cada día, luchando y venciendo al demonio del confort y la vagabundería. Ese paso a paso se transforma en caminar los sueños, vivirlos, disfrutarlos. Porque al final, quién quiere un sueño que se cumpla de una sola vez y se acabó, cuando se puede vivirlo día a día, momento a momento, saboreando cada instante.

Quiero hacer lo que quiero, porque me gusta, en vez de no hacer porque me da pereza dejar el confort o por miedo al fracaso. Fracaso es no intentarlo, no vivirlo. Porque cualquiera lo hace mejor que quien no lo hace del todo. Yo quiero vivir, elijo vivir, ya, hoy, ahora. Siempre.

¡Qué rico vivir nuestros sueños, disfrutar nuestra vida, por decisión!

2 comentarios en “El demonio de la vagabundería

  1. Toda una lección para la vida! Me asombra que alguien tan joven tenga esta madurez, claridad de pensamiento y este estado tan, por de decirlo de alguna forma, iluminado. Realmente admirable, Javier! Mi corazón y vos, serán mis consejeros de ahora en adelante, mi corazón primero, pero si no puedo sentirlo o escucharlo, entonces serás vos.

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    1. Wow! Gracias por el comentario tan bonito. Me alegro que te haya gustado. Realmente creo que todos tenemos la luz dentro y todos estamos iluminados. Además me parece que somos muy dichosos de estar vivos como para no hacer lo que nos nace del corazón. Especialmente si es por algo como la vagabundería. Simplemente son algunas de mis batallas de todos los días, si compartirlas ayuda a los otros pues que alegría. Seguí tu corazón! Por mi lado, mientras me nazca, seguiré escribiendo… Un abrazo

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