Diluvio en Tonsai

Diarios de Tonsai, Tailandia

Recobro poco a poco la conciencia de mi cuerpo y llevo el mosquitero de la cama a nuevos límites, estirándome lentamente desde la punta de los pies hasta los dedos de las manos.

“Plac, plac, plac plac plac…”  Gotas grandes y pesadas caen sobre el techo metálico del bungalow de madera. Se abre el cielo y la lluvia cae en chorros. Salgo al balcón para tirarme en la maca y deleitarme viendo la tormenta bañar los acantilados de caliza. La intensidad es alucinante. Cada vez llueve más recio y aparentes ráfagas resultan ser simplemente incrementos en la tempestad.

Me parece increíble que esta cantidad de agua pudiera estar sostenida en el cielo, paseando en forma de nubes, recolectando agua hasta reventar.

Empieza a llover adentro también. Por suerte ninguna de las goteras cae sobre la cama o las pertenencias.

Llueve horas sin parar…

Por momentos parece aminorar un poco y hace pensar que fuera el final, pero son solo respiros en los que agarra fuerza.

Varios vecinos han salido a ver el diluvio. Algunos esperando a que pare para poder ir a desayunar (como yo) y otros porque nunca han visto llover así. Se pone tan fresco que aprovecho para ponerme un par de medias.

Entrada la tarde decido que puede más el hambre y me pongo un impermeable y unos chores y me voy a desayunar. Todo está empapado, el agua corre, la pendiente le ayuda a abrirse camino rápidamente hacia el mar.

Finalmente va bajando la intensidad de la lluvia y cuando me termino mis huevos fritos ha cesado totalmente y hasta se atreve a brillar el sol.

Las nubes se volcaron sobre Tonsai hasta consumirse a sí mismas por completo, dejando ver el cielo azul.

Un café y unas páginas después parece que ya se puede escalar. Voy con todo mi equipo por la playa y tengo la suerte de encontrarme con gente probando una ruta “fácil” que tengo algún chance de completar. Me invitan a escalar y juntos disfrutamos la camaradería de la escalada.

Cuando llega mi turno la intento y apenas logro llegar arriba para salvar la tarde que nunca tuvo que ser salvada, simplemente urgía algo de movimiento después del letargo del diluvio.

Verde se mantiene la selva.

Viva se mantiene el alma.

En la noche regresando a la casa veo la explosión de vida desatada por el diluvio. Ranas de todo tipo brincan de charco en a charco por la callejuela y escalan los árboles, dándose un festín con el brote de mosquitos y miles de otros bichos emergidos de la lluvia. Ranas tan gordas que parece que van a reventar. El coro de la selva suena a mil voces.

Paso cerca de una lámpara envuelta en una nube de insectos voladores cafés en un frenesí total. Al ver que parecen inofensivos me acerco cada vez más, hasta quedar con la cabeza dentro de esa locura. El revoloteo de sus delgadas alas suena todo alrededor y al abrir los ojos me recuerda de estar nadando en medio de una escuela de peces. Antes de quedar totalmente hipnotizado y ponerme a dar vueltas con ellos sigo mi camino a casa.

Algo me recuerda que a veces con estas lluvias pueden meterse las culebras a las casas, y yo no he hecho ni un solo chequeo de Cobra desde que llegué.

Al llegar al bungalow me encuentro con sedientos representantes de los millones de mosquitos desatados por el diluvio esperando mi retorno. Quieren mi sangre.

 

 

Un comentario en “Diluvio en Tonsai

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