Amazonas

Manaus, Brazil

Aterrizo en Manaus, capital de la Amazonía, con 2 millones de habitantes.

En la noche salgo a tomarme una birra. Se siente bien estar de vuelta en Brasil, con su gente alegre y donde siempre hay música en la calle. Todos los otros viajeros tienen algún cuento de la selva. Conozco a un par de negras y un inglés. Vamos a otro bar y el bartender se vuelve loco y agresivo, mucho guaro y perico dicen, me voy afuera tranquilo (por una vez en la vida). Un roco afuera me confirma que el mae está mal. Sale Nikole y el roco la empuja y le quiere pegar, me meto en medio y con el inglés calmamos la vara. Después la otra güila le va a reclamar y el mae agarra una de las birras de vidrio grande, le quita la chaqueta, la revienta contra el piso y la amenaza con el filo. Yo creí que eso solo pasaba en las películas! Otra vez paramos la vara y nos vamos, ese bar esta muy loco.

En la mañana voy a ver el teatro y a caminar por el puerto. Le compro una rasuradora eléctrica con todo y baterías a un mae en la calle, con descuento y una demostración en la cual pierdo el poco pelo que tengo en el brazo. Se ve buena, vamos a ver cuanto dura…

La primera vez que uso la rasuradora me doy cuenta que es una mierda. El poco filo que tenía parece haberse ido junto con los finos y dorados pelos de mi brazo, pero a diferencia de estos, el filo no va a volverle a crecer. En la barba no hace más que enredarse, y mentiría si digo que no me sacó un par de lágrimas por zona de las patillas. Pocos días después se me cae y se quiebra en tres pedazos. 

Increíble la cantidad de barcos y actividad en el puerto, el río es inmenso. Me como un buen pescado amazónico en el mercado. En la tarde me topo a Ester, de la noche anterior. Paseamos un rato y pruebo una sopa de camarón con unas algas que duermen toda la boca, rica al principio y asquerosa al final. No me la pude terminar. Conocemos un belga buena nota y después de un par de birras me voy a dormir porque el día siguiente me tengo que despertar temprano para llegar a colgar la hamaca en el Itaberaba, barco de fierro en el que navegaré una semana río arriba por el Amazonas hasta llegar a Tabatinga/Leticia/Santa Rosa, triple frontera entre Brazil, Colombia y Perú.

De camino al barco me hago amigo de tres holandeses (Derek, Mark y Corine). Ponemos las hamacas juntos para entre todos echarle ojo a las varas. Nunca había visto tantas hamacas! Hay de todo, jóvenes, viejos y varios bebés corriendo chingos por todo el barco, esto va a ser una aventura! El barco sale unas horas tarde pero eso no es nada raro. Poco a poco dejamos atrás el gran puerto. Me dicen que no vamos a ver el lugar donde se juntan las aguas porque como el río está alto vamos a irnos por unos atajos. Suena un timbre y todos a comer, parecido al Galaven.

Estoy en el corazón de la Amazonía navegando el poderoso Amazonas, otro sueño hecho realidad, demasiado tuanis, demasiado feliz!!!

Veo el sol partir y la noche envolver el Amazonas y revelar el brillo de las estrellas, se siente y se escucha la vida de la selva. Me pregunto que busca el capitán, quien regularmente ilumina el río y sus orillas con el foco del barco. Me levanto casi siempre al amanecer y aprovecho para subir con los binóculos y avistar animales. Veo lapas rojas con amarillo y azul, lapas verdes con azul y la parte de abajo de las alas roja, delfines rosados y grises. Pasamos por casas que

Tikuna

están totalmente rodeadas por el río, sobre pilotes, tienen como única salida sus canoas, viven de la pesca, todo se los da el río. Me cuentan que cuando el río se crece demasiado estos pobladores construyen una pequeña casa con una madera especial para que flote donde ponen todo y viven ahí hasta que baja el río y desentierran su casa para volver a habitarla. El río inunda todo.

La comida es buenísima y hay hay pacoquitas de postre! En el barco también conozco al Bóludo y un grupo de gente bien tuanis, y una gringa. (Harry, Matt, Uwe, Mauricio, Yuval, Melisa y Daniel). El barco realmente es de carga entonces para en todo lado a cargar y descargar, oportunidad que los fieros mosquitos no desaprovechan. Los que tienen mosquitero se meten tan rápido como pueden y los que no que dios los salve de la malaria y la fiebre amarilla.

Nosotros aprovechamos y nos tiramos al Amazonas desde el tercer piso. Tiene tremenda corriente, y eso que es sólo la orilla. De camino al baño para orinar pienso que pa qué perder el tiempo? Que mejor orino en el río, pero por dicha inmediatamente me acordé de Esteban, quien me advirtió del pescado que se mete y ancla dentro de la uretra, algo tan doloroso que algunas de las víctimas voluntariamente se cortan el pedazo. Sobra decir que oriné en el baño.

En uno de los últimos puertos nos pasamos a otro barco que ya salía hacia el mismo lugar. Llegamos a Tabatinga y pasamos a Leticia, después de una semana en el barco. Encontramos un hostal muy lindo pero el dueño era loco…(Mahatu), no recomendado. Ahí me fui con el bóludo y nos adentramos con Gustavo, un indígena Yagua de la comunidad La Libertad. Ahí vimos como los indígenas obtienen mucho de lo que necesitan de la selva, y del aire, hasta Directv… En la selva hacemos una fogata, agarramos tarántulas y escribo esto en el librillo:

Amazonía

En la selva. Entramos por el poblado indígena de La Libertad, donde viven los Yaguas. Nuestro guía Gustavo nos lleva selva adentro, no hay trillo que valga, muchas veces Gustavo para, le vuela un machetazo a una palmera, vuelve a ver para todo lado como si estuviera perdido y se ubica como por arte de magia. Tal vez está perdido. Nos cuenta del Curupira. “Un duende que parece un niño pero con pelo que llega hasta el suelo cuando está en su estado natural. Cuando hay alguien toma forma humana, puede ser hasta la de alguien conocido. De esta forma te engaña y al seguirlo lo que parecen 10 metros, whooosh! Estos se expanden y estás perdido 10 km, porque la selva de acorta para el Curupira. Cuesta volver porque tiene un pie para adelante, el otro para atrás, y camina como un cangrejo. Si no logras salir o te sacan este te engaña con lo que parece comida pero realmente es basura de la selva, y te terminan convirtiendo en uno de ellos. Yo lo he visto.”

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