Cosas que no haría

Sentado tomando café me pongo a pensar en que últimamente he estado haciendo cosas que no haría. Pero me doy cuenta de que las hice, entonces realmente eran cosas que sí haría.

¿Como hice algo que no haría?

Atreviéndome a hacer algo nuevo, algo diferente, sorprendo a mi mente y resulta que la caja fuerte que supuestamente me contenía tenía paredes de papel.

Yo soy lo que soy y no solamente lo que pienso que soy.

 

Atardeceres

Diarios de Tonsai, Tailandia

Voy a la playa a ver el atardecer. Me dedico media hora a contemplar este espectáculo.

Las caras de los acantilados se mantienen tranquilas como el agua de mar, inspirando quietud. Parece que ya se va a hacer de noche y no habrá más atardecer, cuando de repente tras el acantilado empieza a brillar un fulgor naranja que incendia todo el cielo. Las nubes arden desde adentro como hierro fundido.

La marea está llena y entran y salen los últimos barcos cola-larga del día. Pronto, el día será no más y se vivirá la noche.

El naranja se torna rosado y suavemente desaparece la tarde para revelar una nueva luz. La media luna brilla blanca a través de las nubes y las ramas de un tenebroso árbol seco. Entra la oscuridad y se esparce por todos los rincones, retada solo por los pozos de luz natural en la luna, las estrellas y las luciérnagas.

En el pueblo algunas luces de la calle y en los restaurantes son estrellas en el vacío, como las sonrisas entre la gente…

Magia marina

Roatán, Honduras

Nos ponemos los fríos neoprenos y caminamos por la oscuridad al bote donde nos espera Capi con todo el equipo de buceo junto al muelle. Nos sentamos después de haber revisado todo el neceser y navegamos la noche bajo la lluvia. Las únicas luces vienen de la isla, nuestros focos, y una lucecita que cuelga del frente del techo del bote, un hilo blanco de LED que cae y alumbra en chispazos.

Llegamos al sitio y nos tiramos hacia atrás en la negra mar. Prendemos los focos y bajamos por la línea de la boya hasta el fondo. Nuestras pequeñas linternas alejan solo un pelo la insondable oscuridad que nos envuelve y así nos vamos, a explorar la noche submarina.

Un gran lenguado de extraños ojos roza el fondo de arena, se detiene, sacude un arenero y desaparece sin dejar rastro.

En el arrecife todo parece tranquilo y más quieto que nunca. Los peces se ven escondidos entre cuevas como señoras en un barrio tras caer el sol. Algunos curiosos azules asoman un ojo por la ventana queriendo ver que pasa afuera mientras un pez gallo duerme plácidamente. Erizos tantean la noche con sus espinas y morados abanicos bailan dormidos con la corriente. Las langostas patrullan las rocas, acorazados espinosos de brillosos ojos rojos. Algunos peces como el ardilla y otros noctámbulos de inmensas pupilas andan todavía merodeando por ahí, afuera de las casas.

Fascinados nos adentramos en el abismo hasta que llegamos a un parche de arena donde nos arrodillamos en círculo y apagamos todos los focos.

Tinieblas.

Quietud.

 

Poco a poco se acostumbra la visión.

Tiras de perlas blancas fantasmean a la distancia,

todo alrededor brillan extrañas formas de luz.

Al moverse el plancton explota en azul.

 

Hay luz en la oscuridad…

 

De sol a sol

Desde adentro del agua y compartiendo con las olas veo el sol nacer.

Líneas de pelícanos flotan en el horizonte mientras despierta en alegría un nuevo día.

¡Qué placer surfear el amanecer!

Salgo del agua agradecido y directo al desayuno.

No sé si habrá algo mejor que el café.

 

Compartimos y elevamos al vibrar juntos frente al mar.

La brisa nos refresca y se lleva nuestras preocupaciones, transformándolas en canciones del viento.

¿Cuántas veces ha salvado el yoga un alma que se ahoga?

Sonreír y volver a vivir.

Echarse en una hamaca y la siesta dormir.

Almorzar y volver al mar,

volver a amar,

volver a surfear,

disfrutar,

saltar,

gozar.

 

El sol y la luna se derriten en el infinito atardecer regalando a las estrellas oscuridad para brillar.

Tauro y Orión empiezan el vacilón.

Busco en el cielo los pescados, mas caigo exhausto con ojos cerrados.

 

Paro un momento

 

Respiro profundo.

Contemplo.

 

La felicidad de existir.

El gozo de ser.

La alegría de vivir.

La delicia de respirar.

Los latidos de mi corazón.

 

Agradezco.

 

Dejo de pensar y empiezo a sentir.

Dejo de soñar y empiezo a vivir.

Dejo de ir y empiezo a estar.

 

Simplifico.

Hago una cosa a la vez.

 

Este instante es todo lo que hay.

Estoy presente.

 

Suelto todo.

Vuelo.

 

Soy.

Llueve

Diarios de Tonsai, Tailandia

Llueve, llueve, llueve y llueve. Llueve duro en la selva y la lluvia que se ha acumulado en las hojas de los árboles desciende desde lo alto. Inmensas gotas caen sobre el techo de metal del bungalow. La percusión de la selva. Esto mantiene verde el paraíso. Los fieros mosquitos vuelan descarados alrededor, picando duro y obvio como si no les importara nada, arriesgando la vida por un trago de sangre.

Que delicia dormir con lluvia bajo buen refugio. Meterse adentro del mosquitero con un buen libro y dejar los mosquitos junto con el exterior, adentrándose en un mundo entre las letras. Ver a través las paredes de bambú tejido y darse cuenta de que lo único que son es una barrera visual, aparte de eso la naturaleza entra y sale a su afán.

La comodidad dentro de la incomodidad.

La perfecta imperfección.

Nuevos amigos y nuevas aventuras, compartiendo las buenas vibras.

Atreverse a soñar.

Atreverse a vivir.

Pasarlo bien y disfrutar ayudando, sonriendo, elevando.

Ver los sueños volar y dejarse motivar.

Escalar y compartir.

Subir para estar ahí, compartir.

Acabo de agarrar un mosquito gigante, gordo é sangre y férreo también. Lo estripé con la mano y cuando estaba explorando el cadáver alzó vuelo y se desapareció sobre el mosquitero…