Amor

Sin darme cuenta un ser llegó y me dio amor. Me dio amor desde el principio y me lo siguió dando sin importar lo que pasara, sin importar si yo estaba ahí o no, sin importar si el amor era correspondido. Amor de verdad.

Amor es entrega y apertura, brota del corazón sin esperar nada, es dar.

Yo sabía nada o muy poco de todo esto. Ahora cada día aprendo más y aunque a veces me meto en la cabeza y me olvido del amor y doy un paso para atrás, siempre doy dos más hacia adelante, hacia la apertura del corazón, hacia el amor verdadero.

Estos pasos no los doy solo. No sé qué hubiera pasado si este amor no hubiera despertado mi corazón, si no lo hubiera llevado de la mano hacia afuera. Despertó mi corazón y lo fue abriendo poco a poco. Le enseñó al amor que vivía en mi pecho que podía salir de esa cueva, removió una a una las piedras que bloqueaban la entrada, ahora vive en todas partes.

Me enseñó que el amor es puro e intocable, que no hay que cuidarlo porque nada le puede pasar, que es una dicha compartirlo y verlo crecer y multiplicarse en millones de formas. Me ayudó a abrir los ojos, para empezar a diferenciar el ego del amor y la mente del corazón. Me enseñó mil cosas que no se pueden explicar, pero se sienten y sé que nunca voy a dejar de aprender.

No sé qué va a pasar, pero sé que esto es lo mejor que me ha pasado.

Darle con todo

Hacer lo que deseo hacer y no dejarme convencer de lo contrario ni demasiado distraer. Hoy pude hacerlo y cuando me di cuenta estaba alegre y cantando. Parece increíble que esto no pase todos los días siendo una decisión mía pero es un gran factor la vagabundería, así como el miedo, la duda y la distraída. Ahora más que nunca estoy convencido de que no solo no hay nada peor que no intentarlo, sino que tampoco hay nada mejor que darle con todo. Ah, qué alegría llegar cansado al final del día. Como hace rato vengo diciendo hoy al fin lo vengo haciendo. ¡Hay que cansarse para poder descansar!

¡Vamos por ese sueño, abramos los ojos y démonos cuenta de que ya lo estamos viviendo!

Un té

Lleno la olla metálica con agua y la pongo sobre el fuego bajo. Le coloco la tapa para que no se escape el calor. Voy por la caja de tés especiales y busco entre la selección algo muy especial, algo único; el té para este momento. Ese que es imposible saber antemano pero que se sabe sin duda al reconocerlo. Solo me doy cuenta de cuál es cuando ya lo tengo en la mano. Abro con cuidado el tarrito y saco una cucharada que vierto dentro de la jaula del té sin que caiga nada afuera y la cierro bien. Preparo las tazas y apago el fuego, el agua acaba de hervir. Espero un poco, pongo el té en la olla y comienza la infusión; la magia en la que las hierbas le cuentan al agua sus secretos . Vuelvo a poner la tapa y lo que ocurre adentro es un misterio.

Alisto las tazas y cuando llega el momento levanto la tapa y destapo no solo una olla sino que libero una nube hechizada con un aroma que despierta la alegría del alma. Sonriendo lo vierto en las tazas y de una vez dejo preparando una infusión en frío bajo la luz de la luna.

Me retiro al aposento bien acompañado y con un viejo libro en mi mano tomo el primer sorbo de té. Me llega directo al corazón que me dice que todo está bien, la vida es buena y está llena de pequeños milagros, y gigantes también…

 

Decidir

Una vez decidido nada me para. Empiezo a encontrar la dirección y poco a poco, como una corriente que empieza a tener velocidad, todas mis acciones y todo a mi alrededor empieza a tomar el mismo rumbo. Trato de aprovechar los picos de motivación del planeamiento y de haber tomado la decisión para atravesar las barreras más difíciles, como empacar y preparar todo. Paso por la batalla de querer llevar todo pero no querer cargar ni empacar nada y por miles de indecisiones, siempre sabiendo que menos es más. Me doy cuenta de que mis apegos son muchos, son más que las cosas que de verdad hago. Eso me ayuda a simplificar un poco y llevo solo lo que uso, y un par de cosas que no uso, y algo más, “por si acaso…”

Cuando finalmente me voy moviendo ya no hay nada más que decidir, solo hay ir, y eso es hermoso.

En el ir paso a través de tormentas y tempestades y el sentido de urgencia es tal que tengo que respirar profundo para calmar la prisa. Trato de no gastar toda mi energía en la presa para salir de la ciudad pero estoy muy emocionado. Ahora no hay otra cosa más simple y alegre que entregarme por completo y fluir con la alegría y el movimiento del universo. Todo es perfecto cuando dejo de tratar de cambiarlo.

Llego adonde Javier y Nereida y los chiquillos y los perros y las loras y otras visitas, todos muy sonrientes y ahí está mi lugar, frente al mar, un 10 perfecto.

El mar, que siempre me sorprende, me sorprende una vez más. Me da chance de preparar mi campamento y me enseña que no siempre se puede a la primera, pero que se puede, y que las cosas pueden ser aún mejores de lo que imaginábamos.

Entro al agua esperando, o mejor dicho, confiando en un milagro y recibo el infinito, más milagros de los que jamás había visto están ahí, ocurriendo al mismo tiempo. Y lo mejor de todo es que siempre habían estado, y siempre están siendo, aquí y ahora.

Salgo feliz en la oscuridad, abrazado por una luz interior que ilumina a otro nivel.

Saco la cocina, me como una avena caliente y me siento a tomar un té frente al mar. Veo una increíble rayería en medio de la cual flotan moles de barcos y al fondo ruge un viejo furgón que por un momento acompaña a los grillos y las olas en la sinfonía de la noche.

Sonidos y latidos de millones de corazones se escuchan y se sienten. Un viento que viene del mar llega de repente, mensajero de tormenta. Seguido de cerca por las primeras gotas de agua me avisa que me prepare y que no lo piense dos veces antes de ponerme a preparar mi refugio. Como un marinero en los viejos veleros de los libros me fajo tallando un poco aquí, soltando un poco allá, aprendiendo de las cuerdas y los nudos de la vida.

Satisfecho me siento apenas a tiempo para escuchar pesadas gotas caer sobre el toldo, latidos de incontables diminutos corazones.

Alegre y feliz voy a darle las buenas noches a mi anfitrión y recibo el mejor regalo que me podrían haber dado además de las buenas noches; dos espirales para defenderme de los mosquitos.

Sintiéndome totalmente bendito bajo el murmullo de la lluvia me acuesto en mi hamaca a descansar como pocos reyes habrán descansado. En paz.

 

Sueños de luz

Respiré hondo y de repente todo se desvaneció en una blanca niebla que invadió todos mis sentidos.

Entre la niebla pude ver luces donde antes estaban las lápidas y me dirigí hacia ellas. La más cercana era una tenue luz amarilla que me llenó de recuerdos de mis abuelos. Al llegar a ella pude ver, como si estuviera asomándome por una ventana, a Don Melchor. Un señor alegre de pelo y barbas blancas que se deleitaba creando paisajes y arreglando diminutos trenes en su ático de madera. Una luz verde llamó mi atención y floté entre la niebla hacia ella. Sentí el amor de la naturaleza y pude ver una hermosa mujer con largo cabello rojo y piel aceituna danzando en una jungla llena de vida. Poco a poco percibí la profunda paz de una luz blanca entre la niebla y me dejé llevar hacia ella. Flotando en el vacío del espacio había un ser en la posición de loto, con las manos abiertas sobre sus rodillas. De su corazón emanaba en todas direcciones una luz blanca que despertaba la paz en todo lo que tocaba. Sentí en mi pecho la paz más pura, profunda e inalterable. Al bajar la cabeza vi el brillo de mi propio corazón.

Levanté la mirada y no había niebla, no había luces, no había nada, pero la paz, estaba en todas partes.

 

Fiesta

Las jirafas comen en las alturas, estirando sus largos cuellos y arrancando las hojas tiernas de las acacias, cualquier otro las consideraría demasiado espinosas. Por los pastizales corren las gacelas, juveniles brincan ágilmente de un lado para otro. El verde brota por todas partes. La vida celebra la vida. Es como si hubiese llovido alegría.

Los primeros aguaceros reviven todo lo que tocan y África vibra renovada. En los charcos se bañan elefantes inmensos, tiran agua con su trompa y bañan todo en derredor. Las pequeñas aves comparten con los gigantes del continente “olvidado” y se bañan sin parar de cantar. El leopardo descansa entre las ramas, espiando con ojos entreabiertos mientras duerme su siesta. Los cachorros de una leona juegan y brincan felices mientras los buitres y las hienas gozan de los sobros. Las risotadas se escuchan hasta el cielo y Mama África sonríe. El reino animal disfruta este jolgorio, donde abundancia de agua es abundancia de vida.

A la distancia suenan los tambores de las tribus que se unen a esta celebración. El ritmo primitivo se mezcla con los truenos, bombos del cielo que anuncian nueva fiesta. En el horizonte reinan los inmensos cumulonimbos. En un increíble juego de luces los relámpagos son el primer aviso.  

¡Esta fiesta apenas está empezando!

2018’2019

Pasó un año más, completo, se acabó. Lo que hicimos cada día, momento a momento, llegó a ser todo, y lo que no hicimos, nada. Ahora llegó y pasó el momento colectivo de soltar todo lo que fue este año para poder empezar el 2019 con la pizarra en blanco. No importa qué hicimos o no en el 2018, el 2019 es un nuevo año y en sus inicios es palpable la infinidad de posibilidades que ofrece. Es un buen momento para fluir con esta energía, con este movimiento de la comunidad humana que junta se desprende (o lo intenta) del pasado y por aunque sea un instante vuelve a creer que todo es posible en este nuevo año.

Me doy cuenta que lo que hice día a día llegó a ser el año, y que no es diferente lo que uno hace en el año de lo que uno hace en el día a día. Si no lo hice en mi día a día, en el año tampoco pasó. El año es un concepto de la mente en el que se “acumulan” 365 días y se le llama el año, es simplemente un recuerdo, una recopilación de memorias. Es parar un momento para ver hacia atrás, a lo que fue y nunca volverá a ser.

Solo podemos actuar en el presente, y lo que hacemos ahora es lo que vamos guardando en el saco del año para poder sacarlo al final y ver qué hicimos. Por eso creo que las “metas” de año nuevo, deben ser metas de día a día, porque aunque hay cosas que no se pueden hacer todas en un día, todo lo que se hace en el año, se hace algún día.

Por un 2019, presentes, día a día, momento a momento.

Pura vida!